AÚN SE OYEN LOS GRITOS

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Cuentan los que ese día -el pasado miércoles- caminaban por los alrededores de la Catedral que ya a la altura de la casa del relojero, nada más coger la calle del Miguelete, al doblar de la puerta de los hierros, se podían escuchar los gritos. Que era algo espantoso, que se asustaron, que se miraban unos a otros como preguntándose qué estaba pasando, si no sería otro caso de violencia machista. Porque era inconfundible que se trataba de una mujer completamente fuera de sí, desencajada. Pero cuando entrabas en la plaza de la Virgen ya se podía identificar sin lugar a dudas que el escándalo procedía del Palau de la Generalitat. Los turistas habían dejado de hacerse selfis ante la puerta de los apóstoles y la Basílica para poner toda su atención en el edificio sede del Gobierno valenciano, como si de un momento a otro fuera a pasar algo gordo, como si alguien fuera a asomarse a uno de los balcones pidiendo socorro o la policía estuviera a punto de acudir rauda y veloz para prestar ayuda a quien la necesitara. Hubo incluso -o eso se rumorea- quien grabó el momento, esas voces desgarradoras, aunque si existe la grabación yo no la he escuchado.

Supongo que debe de tratarse de una leyenda urbana, que no fue tan así, que se exagera, que igual no llegó a tanto. Porque el caso es que horas después podías ver a los presuntos protagonistas del escándalo dándose besos y abrazos con tres palmadas sonoras en la espalda, propios de buenos amigos, de personas que no sólo se estiman sino que confían las unas en las otras. Y aunque es verdad que los rostros traslucían cierto nerviosismo quizás era todo fruto de la tensión acumulada en los días anteriores, de la intensidad de las negociaciones, de las horas robadas al sueño.

Si no fuera así, si de verdad se produjo lo que algunas malas lenguas se empeñan en difundir, igual con los años la psicofonía de la monumental bronca podría incorporarse a las visitas al Palau de la Generalitat, un atractivo turístico destinado a recordar un momento histórico, al igual que en el Congreso de los diputados se conservaron los agujeros de bala causados por los disparos efectuados por los guardias civiles que entraron con Tejero el 23-F de 1981. «A continuación -expondría el guía de turno a los curiosos- van a escuchar la acalorada discusión entre Ximo Puig, Mónica Oltra y Rubén Martínez Dalmau en las horas previas a la firma del segundo pacto del Botánico entre el PSPV, Compromís y Unides Podem. Para no herir sensibilidades, cuando se pronuncian palabras malsonantes las hemos sustituido por un pitido agudo que evita el desagradable efecto de escuchar determinados improperios». Lo malo es que -insisto, por lo que cuentan- la grabación se convertiría en una sucesión de piiiii, piiiiii, piiiiii...