MARRUECOS APRIETA CON LA INMIGRACIÓN

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Marruecos está utilizando el problema de la emigración africana que ha desatado las preocupaciones y los debates en España para intentar sacar tajada. Como, por otra parte, es normal y cabría esperar. Otra cosa distinta equivaldría a andar pensando en las musarañas. Ahora bien, si Marruecos pasa factura por prestar mayores favores, conforme le piden con intensidad creciente desde este lado del Mediterráneo, ¿quién o quiénes pagarán el pato en mayor medida? Adivinen.

Bingo, la hortofruticultura española de exportación será la gran pagana, la moneda de pago habitual. Sí, sí, los gobiernos hablan de unas ayudas para equipar mejor a las fuerzas marroquíes y que puedan garantizar el 'servicio' de guardar las fronteras. Sí, se habla de vehículos especiales, lanchas rápidas, radares y otros equipos electrónicos para aumentar los controles... por un importe global de unos 60 millones de euros. ¿Y ya está? No, eso es lo que sale a relucir, las herramientas de trabajo diario; luego está lo otro, lo pactado sin que tenga que prodigarse nadie en concretar. O sea, mayor acercamiento de Marruecos a la UE, mejor trato para sus exportaciones hortofrutícolas, incluidos los productos del Sahara... No lo duden. Y en primer plano está el superpoderoso ministro de Agricultura, Aziz Ajanuch, el hombre más rico de Marruecos, después del rey, y además amigo personal y asesor del monarca.

Ajanuch dijo claramente la semana pasada que «el problema de la emigración es muy costoso para Marruecos, y Europa debe apreciarlo en su justo valor». Y no es sólo una opinión personal de un ministro o condicionada por su posición, por más que en este caso es precisamente el ministro de Agricultura y su familia tiene grandes intereses agrarios a los que les vendría muy bien que «Europa lo aprecie en su justo valor». Es sobre todo una idea que crece en la opinión pública marroquí: Si a Europa le interesa que hagamos de gendarmes y contengamos la avalancha de emigrantes que llegan desde el sur, eso no puede salir gratis.

Por eso vemos que esas avalanchas evolucionan de una forma u otra, según épocas, en función de que los mandos policiales reciban unas órdenes o las contrarias: aprieta, afloja, no dejes pasar, abre la mano... Porque los resultados, a este lado, son muy notorios.

Cuando abren la mano y crece la afluencia de inmigrantes, se suceden las escenas en las vallas de Ceuta y Melilla, las fotos de las pateras en las playas, se habla de mafias, la gente se asusta y se preocupa, arrecian las críticas... Y el ministro de Interior tiene que actuar, en este caso alabando el papel de Marruecos y recomendando un «incremento del compromiso» de la UE.

¿En qué se traducirá ese compromiso?, ¿quién acabará pagando los platos rotos?

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