DE LA GAMBA ROJA A LA MORTADELA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Por si no se habían dado cuenta, Valencia es una ciudad extraordinaria, única. Aquí viene (o venía) Bernie Ecclestone a comprar unas gambas rojas de Dénia en el Mercado Central y ya nos creíamos el centro del universo. Luego se va Ecclestone, se lleva las gambas, nos queda el agujero de la Fórmula 1, van apareciendo uno tras otro todos los casos de corrupción y del centro del universo pasamos a hermanarnos con Palermo. Apenas hay transición, un día estás en lo más alto, en un ático con vistas, y pocos después te encuentras en el subsuelo, en un sótano profundo, lúgubre y apestoso.

En 2004 el Valencia gana la Liga y la entonces Copa de la UEFA. El equipo de Benítez está en la cumbre y hasta una clasificación oficiosa lo designa como el mejor del mundo, el club de Mestalla es envidiado dentro y fuera de España, su futuro es envidiable. A partir de entonces todo empieza a ir mal, cada vez peor, no creo que sea necesario insistir y recordar con detalle la historia. Se gana una Copa del Rey en 2008, en una temporada donde ya se flirtea peligrosamente con el descenso. Tras unos años de relativa tranquilidad deportiva (Emery), aunque de una desafección creciente, vendrán tiempos peores, con la paralización de las obras del nuevo Mestalla, la falta de liquidez, la amenaza de impagos, el riesgo otra vez del descenso, la venta, la llegada de un inversor extranjero, la multa de Bruselas, los fichajes de jugadores mediocres y la fuga de las estrellas...

Tras otras dos temporadas de pésimos resultados y con los puestos de descenso más cerca que los de acceso a Europa, el equipo, milagrosamente, levanta el vuelo, completa una Liga espléndida y se vuelve a meter en Champions contra todo pronóstico. Y en el regreso a la mejor competición del mundo, a la más exigente, se tiene que enfrentar a la Juventus, el campeón italiano, un conjunto que ha conseguido evadirse -nadie sabe cómo- de la crisis que azota al Calcio, conquistando título tras título, plantándose hace dos años en la final y siendo injustamente eliminado el pasado ejercicio por un Real Madrid que con el VAR no tendría ese trofeo en sus vitrinas.

El partido del miércoles evidenció lo que es un secreto a voces que algunos prefieren ignorar: que el Valencia ya no está en la élite europea, que perdió su sitio, que la revolución que ha experimentado el mundo del fútbol en la última década le pilló en plena crisis, que mientras otros han crecido (Atleti, Sevilla...) el ya centenario buscaba cómo salir del hoyo, que ahora está económicamente mucho más cerca de equipos del pelotón de cola que de los punteros y que todo eso se acaba trasladando al terreno de juego. De las gambas rojas pasamos a la mortadela aunque algunos todavía no se han dado cuenta. O viven mejor no dándose cuenta.

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