LA MOVILIDAD ERA ESTO

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Las ciudades europeas de un tamaño y población similar al de Valencia comenzaron ya hace muchos años a poner coto a la circulación de coches por sus calles. No lo hicieron de hoy para mañana sino a través de programas plurianuales de fomento del transporte público, de peatonalización de sus centros históricos y de la construcción de una tupida red de carril bici. El resultado es que estas urbes son más habitables, tienen una escala más humana, están menos contaminadas, son más agradables para pasear, comprar, leer en una terraza o en un banquito instalado en una acera. La circulación privada sufrió con estas reformas, como no podía ser de otra forma. Perdió espacio, las calzadas se estrecharon, vio ralentizada su marcha y encontró más dificultades para aparcar. Pero como todo esto se hizo progresivamente, en décadas incluso, no fue traumático ni provocó un profundo malestar en amplios sectores de la sociedad. La normalidad presidió unas actuaciones que fueron transformando poco a poco unas ciudades que pasaron de ser propiedad de los coches a convertirse en un territorio compartido por las diversas formas de movilidad.

En Valencia, un concejal radical, avalado por el alcalde, ha pretendido hacer en un mandato de cuatro años lo que en otras partes se realizó a lo largo de veinte o más. Ha colapsado numerosas rutas de circulación, ha empeorado el servicio público de la EMT, incapaz de cumplir unas frecuencias de paso al verse los autobuses perjudicados por la circulación lenta, ha favorecido únicamente a las bicicletas y al final no se ha dado cuenta de que nuevas formas de movilidad llegaban a las ciudades (como los patinetes) y necesitaban una regulación que ordenara tanto su marcha por el casco urbano (¿deben ir por las calzadas o por el carril bici?, ¿no deberían llevar casco y tener un seguro?) como la eventualidad de empresas interesadas en montar servicios de alquiler. No tenía nada de todo esto previsto porque su único horizonte, su obsesión, era preparar Valencia para las bicicletas.

La anarquía que él mismo fomentó, al criticar las multas a ciclistas que habían cometido infracciones, se está volviendo en su contra. Ya no son sólo algunas bicis las que circulan por las aceras sino también muchos usuarios de los patinetes eléctricos. Peatones que van andando con miedo, usuarios de la EMT que tienen que soportar largas esperas, taxistas, los propios conductores de la EMT y los automovilistas que ahora sufren atascos y retrasos antes impensables se preguntan si las «nuevas políticas de movilidad» que anunciaban los «ayuntamientos del cambio» eran esto. No hay más que viajar por Europa para darse cuenta de que no, de que hay otra forma de hacer las cosas para conseguir unas ciudades más habitables.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos