DOCE MILLONES DE VALENCIANOS

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Le preguntan en À Punt al presidente de Les Corts Valencianes, el nacionalista Enric Morera, acerca de la protección de las «lenguas minoritarias» de la Unión Europea. Este interés de la televisión autonómica obedece a que mañana miércoles Morera presentará ante el Comité de las Regiones un decálogo de recomendaciones sobre esta materia elaborado por un grupo de expertos que el pasado mes de mayo se reunió en Valencia. La periodista le pone el balón en el pie a la segunda autoridad valenciana para que remate y marque gol: pero, presidente, al fin y al cabo el valenciano no es una lengua tan minoritaria, ¿no?, es más hablada que otras de Estados miembros de la Unión Europea. A lo que el dirigente de Compromís responde que en efecto, no es tan minoritaria, son más de doce millones de personas. ¿Doce millones?, me quedo pensando. Pero si los valencianos somos 5 millones... A no ser... ¡claro! A no ser que a los 5 millones de valencianos sume los 7 millones de catalanes, lo cual, en efecto da la bonita cifra de doce millones de personas. Para completar el mapa de los països le faltaron los 1,1 millones de baleares, por lo que en realidad tendría que haber hablado de más de trece millones, pero eso no es más que un detalle, en el fondo es lo mismo. La teoría es de sobra conocida, una misma historia (el antiguo Reino de Aragón), una misma cultura, una misma lengua (con distintos nombres) y una misma realidad política. Nada en Compromís es casual ni ocurre aleatoriamente. Todo obedece a un plan estudiado, a una hoja de ruta, que luego sale o no sale, pero que no está dejada al azar. Y ese plan implica la extensión del valenciano normalizado a todos los niveles educativos, su progresivo e imparable dominio sobre el castellano en las aulas, su implantación obligatoria en la Administración y en los espacios públicos (cartelería, transporte público...) y su impulso a través de los medios de comunicación y del mayor número posible de canales culturales tanto propios (teatros, museos, la Institució Alfons el Magnànim, las universidades...) como privados, a través de la subvención a las entidades afines (Escola, Acció Cultural del País Valencià, El Micalet...). Lo prioritario, lo fundamental, es la lengua -esa lengua que hablan «doce millones»-, que el resto ya vendrá por añadidura. No es un plan, obviamente, para una legislatura ni para dos, es un proceso de transformación social a veinte o treinta años vista, tal y como ha hecho el nacionalismo separatista catalán. Es una hoja de ruta que encuentra en la Llei d'ús i ensenyament del valencià la herramienta perfecta para ejecutarlo, junto con algunas leyes, reglamentos y ordenanzas aprobadas por el PP. Y que tiene en el PSPV y en Podemos dos colaboradores tan necesarios como irresponsables.

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