Roma

Rosa Rodríguez
ROSA RODRÍGUEZ

Luis Buñuel decía que el cine es «el mejor instrumento para expresar el mundo de los sueños, de las emociones, del instinto». Alfonso Cuarón traza alegóricamente esos tres microcosmos en 'Roma'. Los sueños utópicos de subir a uno de los aviones que surcan la atmósfera desde los créditos preliminares; las emociones retraídas por los latigazos del destino; y el instinto de protección de quien se arriesga a morir para salvar el futuro de una familia. El realizador mexicano desnuda su memoria desempolvando los claroscuros recuerdos de su niñez en un largometraje semi autobiográfico -él es uno de los niños del relato- filmado por y para honrar a Libo, su hada madrina. La mujer indígena mixteca que cuidó desde el alba hasta la madrugada de su aburguesado hogar en un barrio de gente bien bautizado como la capital italiana pero situado en el corazón de Ciudad de México. Liboria Rodríguez es Cleodegaria Gutiérrez. La autenticidad. Sin barrocos diálogos de vacuidad. Con verosimilitud de 'Nouvelle Vague'. Expresividad virtuosa encuadrada en blanco y negro con sentido y sensibilidad narrativa. Hay McGuffins nostálgicos como 'Atrapados en el espacio' (1969), guiño a 'Gravity' (2013), que no despistan de la profundidad de campo, fotograma a fotograma, que radiografía esa jerarquía de maltrato racista, clasista y machista a partir del ángulo visual de Cleo. De su diario de resiliencia sumisa en aquellos setenta hasta la catarsis que transforma el dolor en lucha. Cuidadora, nana, limpiadora, guardiana a la que se le prohiben derechos mientras se desvela por los de sus patronos. Esa mirada universal de la contrición del sufrimiento femenino que se desdobla, de criada a señora. De Cleo a Sofía. De Sofía a Cleo: «Estamos solas. No importa lo que te digan. Siempre estamos solas». Ambas son dos arquetipos de un mismo desamparo. De un mismo abandono. De una misma discriminación cotidiana sutilmente naturalizada. No dar dulce de fresas a la pequeña Sofi, igual que a sus hermanos, porque «engorda». Fuera del patriarcado doméstico subyace cuasi accidentalmente el contexto de violencia que perfora sus vidas en cápsulas metafóricas, a veces, excesivamente crípticas incluso para profanos. Así, por ejemplo, se delinea la implicación triangular del ex presidente Luis Echeverría Álvarez (L.E.A.) -exculpado de genocidio-, el Profesor Zovek, escapista gurú de artes marciales para los 'combatekas' de 'Los Halcones' y el grupo paramilitar en la masacre del Jueves del Corpus Christi del 10 de junio de 1971 donde asesinaron a más de un centenar de personas durante la represión de una manifestación estudiantil. Son los pocos elementos históricos que cuelgan de la superficie de una película que no es de denuncia.

'Roma' tampoco es, en mi opinión, una obra maestra. No obstante, suma añoradas cualidades de la quintaesencia del séptimo arte. «Poesía», como expresaba el genio de Calanda quien, por cierto, rodó en aquella colonia urbana parte de 'Los Olvidados' (1950). Paradójico que haya tenido que llegar Netflix a recordarnos que el cine se inventó para eso.