Diada 2018, espejismo de Ítaca

Rosa Rodríguez
ROSA RODRÍGUEZ

Esta Diada es diferente. Apelamos al derecho a decidir». Son parte de las directrices enviadas por Waterloo a JxCat. Al otro lado de la cama, ERC despierta recitando las suyas vía Lledoners: «Diálogo, buen gobierno y realismo». El matrimonio de conveniencia que cohabita en las instituciones catalanas entre la parte contratante de la primera parte, Parlament versus Generalitat, hoy pugna para eclipsar su propia foto de falsaria unidad. Capitalizar el activismo a pie de calle es su última ventana de oportunidad en términos políticos dada la ausencia in situ de sus líderes de masas. No hay escala de grises. O se está a favor o se está en contra del lazo amarillo. En ese metalenguaje se hace corresponsable de la causa de los procesados a sus electores con el fin de pescar su ciega implicación bajo axiomas como el de 'Libertad', cuya pancarta va camino, señalan los spin doctors del soberanismo, de alzarse en lo que los japoneses llaman otaku para su remozado storytelling. Eso que el gurú del marketing Seth Godin sitúa en el corazón de la vaca púrpura con la que empresas ganan dinero y partidos, elecciones.

Hace seis años un astuto Artur Mas advirtió el peligro. Pronto estirarían de las 'ramas' -'branques' en boca de Jordi Pujol- del árbol plantado con la semilla convergente de la corrupción que él ya irrigaba en el Palau. Cortó por lo sano 'matando al padre' apropiándose de aquello de «lo que depende de mí puedo hacerlo». Némesis del destino, con esa idéntica regla de Sun Tzu, fue enviado por la CUP a la 'papelera de la historia'. Eso sí, ya se había erigido en demiurgo de un trampantojo -«trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es» (DRAE)- denominado procés.

Ese punto de inflexión llegó en 2012. Una recién creada Asamblea Nacional Catalana escogió apropiarse de la fecha histórica con la que el pueblo catalán recuerda su capitulación en 1714. 'Catalunya, nuevo estado de Europa' era la utopía perfecta para enamorar a convencidos y enfurecidos por un Estatut recortado transformando el 11S en dogma fe y liturgias: desde una cadena humana (2013) o el voto en una urna previa al 9N (2014), pasando por una flecha (2015) rumbo al JxSí que in extremis coronó en el poder a un desconocido alcalde de Girona. Puigdemont marcó su hito número 1 al auparse como primer president en el cargo en acudir a la manifestación secesionista (2016). Su imagen cantando al ritmo de «In-inde-independència!» aceleró la hoja de ruta rupturista que, en 2017, culminó en un cul-de-sac. El secesionismo implosionó sobre su laberinto tras la 'Diada del Sí' que el Govern definió como última de la autonomía, previa a la república. 365 días después, no se cumple ni lo uno ni lo otro.

«¿Adónde iré perdido?» se preguntaba Ulises al pisar la patria a la que anhelaba regresar. En medio de la zozobra es difícil distinguir fantasía y verdad. Suele triunfar el espejismo como el que se proyectará en la Diagonal. Pero ni KRLS es el héroe de la epopeya griega ni su tierra prometida es la Ítaca de Homero.

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