El Rey en la Politécnica

Los 50 años de vida de la universidad valenciana son un ejemplo de calidad y esfuerzo que hay que seguir

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

En un clima social que se puede calificar como superficial, frágil y falto de referentes, la Universidad se nos presenta, al menos en el ámbito de los ideales, como una de las pocas instituciones todavía respetables. Tiene serios defectos, y no pocos problemas. Pero su vocación, puesta al servicio del conocimiento y la ciencia, nos la presenta como uno de los pocos asideros morales dignos de imitación.

Sin embargo, en los últimos meses, el indigno comportamiento de algunos universitarios aislados en el seno de instituciones sin tradición alguna y honradez muy discutible, parecería haberse convertido en una amenaza para el prestigio de universidades que llevan largas décadas, siglos enteros de tradición y comportamiento ejemplar, no ya como piezas clave para el saber y el progreso, sino también para la construcción de una sociedad libre y democrática.

El rey Felipe VI viene hoy a Valencia para inaugurar el curso en las 77 universidades españolas -51 públicas y 26 privadas- en un acto académico que va a celebrarse en el paraninfo de una universidad valenciana, la Politécnica, que precisamente este año está cumpliendo medio siglo de existencia.

Comparados con los cinco siglos de tradición que exhibe la Universitat de València, cincuenta años puede parecer poco. Pero, si de universidades hablamos, medio siglo es un plazo que señala la entrada en una etapa de madurez y consolidación, de experiencia y solvencia. Los tiempos fundacionales, aquel 1968 de tantas turbulencias, parecen estar lejanos; pero todavía no se ha borrado del sentimiento de mucha gente la gratitud hacia sus creadores, por la fe y la determinación que pusieron en hacer posible un proyecto nacido de la nada. Desde Villar Palasí a Vicente Mortes, Couchoud, Rincón, Delgado de Molina y Ruvira son apellidos que ilustran un tiempo fundacional donde la Politécnica se tuvo que hacer a sí misma con austeridad de medios, sacrificio personal, alta exigencia de calidad y mucha tenacidad.

El gesto del Rey Felipe al señalar el Campus de Vera como el lugar de referencia tiene un significado especial. Nos está diciendo que los 50 años de la Politécnica son un ejemplo a seguir. Y también que la visión de sus creadores -que anticiparon varios años el impulso de la Transición en las aulas- estaba señalando que poco se puede hacer de bueno en España, poco se puede progresar, sin contar con sus universidades.

Nadie mejor que el rector, Francisco Mora, para hacer, en su discurso de hoy, el resumen de lo ocurrido en medio siglo de búsqueda de la excelencia académica. Y para dar noticia, también, sobre el estado de ánimo de unas universidades que necesitan avanzar en calidad, esfuerzo, rigor y trasparencia al servicio de una sociedad que las sostiene porque valora sus beneficios, reconoce sus méritos y admira sus logros. Y desde luego, por encima de comportamientos minoritarios que han sido aislados a tiempo y castigados por la sociedad.

 

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