El necesario plan general

Todo lo que se hace fuera de la ley, y de un consenso político extendido, suele salir mal en las ciudades

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

En los setenta, cuando el urbanismo dependía del Ministerio de la Vivienda, Vicente Mortes propició un arreglo que el Levante UD le agradeció mucho: en una zona comercial que había pintada en Orriols, se autorizó levantar un estadio deportivo; mientras tanto, otra zona de huerta, no sé si verde o escolar, cambió su color para propiciar el nacimiento de un espacio comercial. Bingo.

Fue un apaño, de largas consecuencias prácticas y jurídicas. Porque en las ciudades, si no hay Plan General no hay vida, no hay encaje ni legalidad. Es la lección que el sábado pasado transmitía Paco Moreno en su reportaje: el Ágora, que estaba en el limbo urbanístico, va a acatar ahora la ley municipal por excelencia, el PGOU, fuera del cual no podrá ser convertido en Caixa Forum.

¿Quiere eso decir que hasta ahora...? Eso quiere decir, en efecto, que el Ágora estaba tan fuera de ordenación, valga el ejemplo, como los horribles edificios que se usan como vestuarios y restaurantes junto al Puente de Madera... y como tantas y tan repelentes construcciones que se van añadiendo al parque (repito: par-que) del cauce del Turia.

Hemos de ser estrictos y humildes: los valencianos fuimos a ver competiciones de tenis, y algún que otro grandioso evento, bajo un techo fuera de ordenación urbanística, no sé si ilegal o alegal. Si el planeamiento hablaba de una plaza cubierta, Calatrava y la Generalitat hicieron una «generosa interpretación»; porque no es lo mismo una capilla al aire libre que la Catedral de Burgos. De modo que ahora habrá que hacer nuevos amaños de volumetría para que algún día se pueda inaugurar el Caixa Forum.

La semana pasada hablábamos aquí de la necesidad de que la legalidad impere al sur del río Pecos, el que en las leyendas del Oeste separaba las tierras civilizadas y con 'sheriff', de las praderas salvajes por colonizar. Por esas fechas, conmovido por el agobio de los patinetes, el alcalde dijo también que la ciudad no puede ser convertida en un escenario del legendario Oeste, donde las nuevos colonos, recuerden, cabalgaban para clavar la bandera en los nuevos territorios antes que el competidor.

No, por mucha que sea la velocidad de las innovaciones, por grande que sea la ambición de cambio, todo lo que se hace fuera de la ley, y de un consenso político extendido, suele salir mal en las ciudades. Tener que remendar ahora el urbanismo del Ágora es reconocer que algo se hizo mal entre 2003 y 2010 e incluso explica por qué el Ágora es una pieza embutida en la cadena de proyectos de la ribera del Turia: un emparedado con poco oxígeno entre el puente y el Oceanográfico. Y no encaja con armonía a la vista porque para empezar no está bien ordenado en los papeles.

Esperar y esperar es el castigo que sufren las instituciones que no han hecho bien sus deberes. Tramitar una reforma de Plan General lleva no menos de dos años de papeleo y consultas.

Fotos

Vídeos