El teléfono rojo

Miedo me da que algún espía ruso de esos que manda Putin le cuente al zar que el famoso aparato está en la mismísima Valencia

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Si no fuera por la lluvia, ya me habría apostado en una esquina cercana para verles en persona. Me refiero a Mortadelo y Filemón entrando y saliendo de la T.I.A. por el teléfono rojo que ha instalado el ayuntamiento en el centro de Valencia. Un teléfono rojo es el lugar ideal para que el Súper les anuncie una nueva misión y les conmine a reunirse con él ipso facto. Por ejemplo, perseguir a los patinetes rebeldes por toda la ciudad, con un mecanismo inventado por el profesor Bacterio para dejarlos inservibles dando vueltas sobre sí mismos cada vez que se suba en ellos el 'maléfico' concejal insostenible.

El sitio elegido no puede ser más ideal. Es el cruce de Colón y Ruzafa por donde pasan a diario miles de turistas y extranjeros. No sé yo qué pensarán ni qué harán cuando suene. ¿Creerán que estamos en Amsterdam y en vez de escaparates en el Barrio Rojo tenemos cabinas... de teléfono? ¿Buscarán la cámara oculta? ¿Llenarán de teléfonos rojos sus selfies inventando historias rocambolescas para sus seguidores de Instagram? Miedo me da que algún espía ruso de esos que manda Putin a edulcorar el café de un enemigo político le cuente al zar de todas las Rusias que el famoso teléfono rojo no está en una maleta portátil heredera de la Guerra Fría sino que está en la mismísima Valencia. ¿Se pondrá Trump? ¿Oiremos sus diatribas o sus cuchicheos con el pelopincho coreano? ¿Será así como se infiltró la KGB en la campaña antiHillary? El temidísimo teléfono rojo ha terminado sus días protagonizando nada menos que 'Tengo un trabajo para ti', un hit para el prime time local que le cuenta una oferta de trabajo a quien lo quiera escuchar. Solo hay que esperar diez minutos y recibirás la llamada. No la del Altísimo sino la de València Activa.

Conste que la idea es interesante. Quizás los modos son un tanto pintorescos, pero el objetivo es loable. De dudoso éxito, pero digno de reconocimiento. Es esencial ser sensible a quienes entran en el desempleo pasados los cincuenta, sobre todo, porque a menudo ponemos la vista en los más jóvenes -que sin duda son un colectivo muy afectado por la falta de empleo- pero olvidamos a esos otros que tienen una familia, una vida ya hecha y un futuro más negro que el cielo de Valencia anoche. Cualquier iniciativa para impulsar el empleo en esas circunstancias ha de ser bienvenida. Sea por teléfono, dron o paloma mensajera. Lo difícil es apreciar el resultado tras una serie de llamadas recogidas por alguien de forma aleatoria y sin la certeza de estar llegando al público necesitado. Si la idea sirve para dar a conocer que hay esperanza entre los parados valencianos que quieran trabajar en el ayuntamiento, ¡que llenen la ciudad de teléfonos rojos, verdes o color butano! La cuestión es que ese presupuesto exclusivamente municipal del que presume la concejala -o sea, que sale de su IBI y del mío- dé los mejores resultados prácticos, no solo estéticos.

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