El patinete y el karma

Tres largos años han tenido para prever el boom de los vehículos de movilidad personal que el propio concejal ha anunciado y promovido

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Al final va a ser el karma. Con tantos enemigos como ha hecho en Valencia el concejal de movilidad insostenible, Giuseppe Grezzi, va a resultar que es el karma quien evidencia su más que discutible gestión en el ayuntamiento. Un gobierno municipal, el de Ribó, que solo ha vendido carril bici y alguna que otra iniciativa vistosilla y pintoresca totalmente prescindible como las Reinas Magas o el mercado en la plaza. Un concejal indómito e incapaz de consultar, reflexionar y planificar. Una ciudad, Valencia, asombrada de que el alcalde no esté ni se le espere y que, en su lugar, solo veamos a la concejala Gómez intentando no caer con todo el equipo -literalmente- cuando el globo se precipite y a Grezzi, como aprendiz de brujo haciendo y deshaciendo sin que nadie lo pare.

Hemos pasado tres años golpeándonos el pecho por coger el coche, por no subirnos a la bici, por reclamar cierto orden en la movilidad urbana aun a riesgo de ser tachados de fachas, antiguos y contaminantes; hemos pagado de nuestros impuestos los caprichos de un concejal sin un plan definido salvo extirpar de la vía pública el vehículo privado alimentado con gasolina, y hasta nos hemos sentido malos ciudadanos por escoger andar en lugar de pedalear. Se le han quejado los socios de gobierno, la oposición, los comerciantes, los taxistas y hasta la policía local. Media ciudad rebufa cuando escucha su nombre y la otra quiere creer, sin demasiado convencimiento, que algo bueno habrá tenido este consistorio. Pero al final resulta que la legislatura va a terminar con la evidencia de su mala gestión por parte no de sus enemigos sino de uno de los suyos, los patinetes eléctricos. No son los coches diésel o los defensores de los maléficos hidrocarburos quienes le han dejado con el coxis al aire sino una alternativa hecha a medida del propio concejal. El karma ha querido que la escena de su caída sitúe a Grezzi en la Curia de Pompeyo retorciéndose por las puñaladas y susurrando al patinete eléctrico: «Tú, también, Brutus, hijo mío».

Tres años. Tres largos años para prever el boom de los vehículos de movilidad personal que el propio concejal ha anunciado, alentado y promovido. Tres años para elaborar una normativa que regulara su uso e hiciera de Valencia un ejemplo de convivencia y sostenibilidad. Tres años han tenido para dejar como legado una ciudad transformada y ordenada, y se descuelgan ahora con prisas, urgencias y falta de previsión. La improvisación de que ha hecho gala Grezzi es noticia en toda España. Los patinetes han invadido la ciudad y el ayuntamiento no tiene otra opción que la multa, la prohibición y la persecución. ¡Parecen de derechas! Si desde el principio Grezzi hubiera defendido al vehículo más sostenible de todos que son los pies del peatón, quizás habría sentado las bases de una movilidad sensata, incorporando con mesura, y por su carril, a cada uno de los vehículos de la ciudad.

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