CARNE DE CAÑÓN

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMARValencia

Nunca agradeceremos lo suficiente la bellaca incontinencia verbal de personas como el padrecito fundador de Podemos Monedero porque así descubrimos cómo se las gasta. Se quedó algo fuera de juego cuando averiguamos la recia pasta cobrada desde las exhaustas arcas del régimen que arruinó Venezuela, pero su lado histérico, histriónico, le impide mantener el pico cerrado. Ojalá siga por la senda del odio y del estrépito porque eso arrebata votos a la formación que urdió.

Buena parte de sus compañeros, acostumbrados al sueldo fijo y otros caprichos que florecen cuando te instalas en las palancas de la administración, se diría que se han domesticado y ya no lucen aquella bravura artificial como de guerrillero que discurseaba en la Sierra Madre sin disparar un solo tiro. Pero no me fío. La proximidad de las elecciones les mantiene en una suerte de estudiado letargo. Aterrizaron para ocupar el espacio público un par de ratos y luego, satisfecha la demanda popular, se apartarían para dejar otros compañeros y compañeras en su butaca. Y un cuerno. Les encanta sentarse en el hemiciclo y participar desde la primera línea. Monedero, en cambio, no yace ahí y de vez en cuando explota, por eso se encrespa en plan cimarrón disparatado, para que no le olvidemos. La reunión apacible entre dos excombatientes se le atragantó. Escupió sapos y culebras y, de nuevo, observamos su personalidad rencorosa. Los veteranos yanquis que lucharon en Vietnam visitan aquel país y confraternizan con los charlis para intercambiar recuerdos y abrazos. Nadie acusa al otro de defender el capitalismo o el comunismo porque son conscientes de un detalle: no eran sino carne de cañón enfrascada en una penosa, tristísima circunstancia. Reconciliarse es una necesidad humana practicada por todos menos por los fanáticos descalabrados.

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