Sin noticias de Nicaragua

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Se ha enterado usted de las protestas contra la reforma de la Seguridad Social nicaragüense que planeaba aprobar el presidente del país centroamericano, Daniel Ortega, y que han provocado unos 30 muertos entre los manifestantes (principalmente jóvenes) causados por la policía y por las conocidas como 'turbas', es decir, las fuerzas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el partido en el gobierno? Se habrá enterado si ha leído los periódicos, oído las noticias de la radio o visto los informativos de televisión (aunque en unas cadenas más que en otras). Pero si su información dependiera de las reacciones de los líderes de la izquierda española, de su nivel de indignación ante unos sucesos de extrema gravedad e impensables en una democracia avanzada, en ese caso usted no habría llegado a conocer absolutamente nada de esta revuelta sangrienta que ha obligado a Ortega a dar marcha atrás. Seguramente, usted se haya sorprendido al escuchar el nombre del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, al recordar que, en efecto, él fue unos de los líderes de la revolución que en 1979 acabó con la dictadura de Somoza, y que ya ejerció como presidente entre 1979 y 1990, regresando al poder en 2007. Casi cuarenta años después, ahí sigue, perpetuado en la poltrona gracias a reformas y apaños a la medida. Tampoco de esa extraña circunstancia habrá usted oído ni media palabra a los líderes 'progresistas', a los guardianes de las esencias democráticas, a los defensores de los derechos humanos. Tan sólo, si lee LAS PROVINCIAS, recordará un reciente y valiente artículo del profesor de la Universitat de València y exdiputado de Podemos, Rubén Martínez Dalmau ('Repúblicas coronadas'), publicado el pasado 8 de abril, en el que alertaba sobre el peligro de que algunas repúblicas americanas abandonen «la senda del republicanismo democrático para convertirse en imperialistas repúblicas coronadas». Recientemente, este mismo partido ha promovido desde Les Corts Valencianes una iniciativa -que como es obvio contó con el apoyo de Compromís y del PSPV, así como de Ciudadanos- para respaldar la despenalización del aborto en El Salvador, lo cual da idea del interés que los asuntos del continente americano despierta en las formaciones de izquierdas. ¿Todos los asuntos? No, desgraciadamente no. Nicaragua, al parecer, no está en su agenda, tal vez porque Daniel Ortega sigue siendo 'uno de los suyos'. Aunque, por cierto, el revolucionario comandante sandinista estaba dispuesto a plegarse a las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional y rebajar la cuantía de las pensiones, con el fin de salvar la Seguridad Social de la quiebra. Una receta que es justo la contraria de la que los 'progresistas' piden aplicar en España.

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