eL GRAN CORRUPTO

Rodrigo Rato es el perverso por antonomasia, poco va a importar que sea verdad o que se haya hinchado una burbuja sobre él

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Rodrigo Rato se ha convertido en un icono. Le guste o no es así. Incluso, aunque no sean ciertas ni la mitad de las perfidias que se le atribuyen. Rato es a los años del exceso lo que Mario Conde al 'yuppismo' de los 80. Un símbolo, una figura que engloba todos los pecados de ese momento. Mario Conde fue la gomina, la ambición y el abuso de unos jóvenes que creyeron vivir en la cima del mundo a golpe de millones. Como el lobo de Wall Street patrio. Se construyó una figura impoluta, que todos compraron, y se ofrecía como modelo a las nuevas generaciones. Le hicieron honoris causa en alguna universidad, que luego tuvo que retractarse, y se codeaba con todas las élites del país, políticas, financieras y culturales que, después, renegaron de él. Era el ejemplo de tesón y éxito social. El humilde que llega a lo más alto, sin perder de vista sus objetivos y partiendo de la base. Luego supimos que ni tan blanco ni tan triunfador.

Ahora, Rodrigo Rato tiene que asumir el rol de malo concentrado. No es que sea uno más de los caídos en desgracia por sus flirteos con la corrupción. Es 'el corrupto'. El perverso por antonomasia. El catalizador de todas las desgracias de este país. Poco va a importar en los próximos años que sea verdad o que se haya hinchado en torno a él una burbuja mayor de la real. Va a cargar sobre sus hombros el pecado original de los políticos del cambio de siglo. Entre otras razones porque así lo quieren, sobre todo, quienes comparten la condición de pecadores. Más vale que muera un hombre por el pueblo a que perezca toda la nación. Rato es el hombre.

Eso no significa que no deba asumir su carga. Toda. Pero también todos. Lo digo por el ministro De Guindos cuando responde, ufano, a sus acusaciones, pidiendo a los periodistas que comparen épocas, tiempos y actuaciones. En efecto, Bankia no es la que era, pero quienes hoy están en el poder sí son los que eran. O, al menos, pertenecían a los mismos partidos -gobierno y oposición, oposición y gobierno- que aprovecharon esas interferencias políticas para muchas cosas. Bien lo sabemos aquí en Valencia. Nadie, por entonces, afeó la presencia de políticos, sindicalistas o empresarios en los consejos de administración de las Cajas de Ahorros ni su funcionamiento desnortado y ajeno por completo a su función social. Que ahora el ministro presuma de haber logrado limpiar la casa puede dar la sensación de que pertenece a un partido que ha corrido 'delante de los grises' financieros. Y no. No lucharon contra la 'dictadura' del despilfarro y el abuso.

Sin embargo, a todos esos que han conseguido driblar al dedo acusador les viene muy bien ahora convertir a Rato en el 'pimpampum'. Como si no hubiera tenido nada que ver con quienes hoy están en el poder. Como si sólo fuera un arribista que se aprovechó de unas siglas. Ha entrado, por derecho propio, en ese grupo de 'personas de las que usted me habla'. Es el gran corrupto.

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