Su carril, gracias

Es posible que Grezzi consiga pacificar el tráfico, pero no a los conductores

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

La petición de los taxistas para que se habilite un carril bus-taxi en la Avenida del Cid completa el mapa de quejas sobre la movilidad en Valencia. Es posible que Grezzi consiga pacificar el tráfico, pero no a los conductores. A ellos los está tratando con un 'despotismo verde' que hasta quienes compartimos su inquietud por el planeta no llegamos a entender. No son sus ideas, sino sus modos los inadecuados. Que es imprescindible caminar hacia un tipo distinto de ciudad, donde el ser humano tenga más protagonismo que los vehículos resulta evidente; que es preciso luchar contra la contaminación y contra un entorno de velocidad estresante está fuera de toda duda, pero que los cambios han de ser razonables, consensuados y graduales, también parece lógico, justo y necesario. De lo contrario, conseguirá desbaratar una ciudad en lugar de mejorarla.

El enfado de los taxistas es más que comprensible. La entrada a Valencia por la Avenida del Cid ya era complicada antes de suprimir las pasarelas, y los trabajadores del taxi son los primeros en recibir las quejas de los usuarios, en especial, los turistas que llegan en avión a la capital. No todos están dispuestos a coger el metro ni se puede dar por hecho que lo van a hacer cargados de maletas. Sin embargo, la primera impresión que se llevan de la ciudad es una congestión de tráfico propia de gran metrópoli no siéndolo. La conclusión solo puede ser una: que la ciudad está mal gestionada. Por eso entiendo que los taxistas pidan una vía preferente para el transporte público. El problema es que, con ese concejal, no está claro si lo que sobran son coches, vehículos en general, vehículos particulares o toda forma de desplazamiento diferente a la bici. Su guerra contra el coche no contempla el eléctrico, al que incluye en el mismo pack demoníaco. Eso significa que no es una cuestión ambiental. Tampoco es una apuesta por el transporte público habida cuenta de que el taxi entra en el grupo de vehículos contaminantes. Así que la única clave que parece servir de faro en su actuación es la reducción de la velocidad. El problema es la convivencia de todos en un entorno menos pacificado que nunca: la acera. Los pies son los más universales, ecológicos, ralentizados y tranquilos medios de transporte del mundo. Frente a ellos, tenemos carril bici, carril bus, carril moto, carril running y, ahora, tal vez, carril taxi. Un colectivo tras otro que acude con su «¿qué hay de mi carril?», el equivalente móvil de «¿qué hay de lo mío?». Sin embargo, nadie vela por el carril peatonal, que es la acera. Con tanta bici, patinete, patines, monopatín, segway y hoverboard, se está quedando estrecha y llena de obstáculos. Quizás, con este concejal, la solución sea pedirle un carril por la calzada solo para andar. Con tal de quitárselo al tráfico rodado y no molestar a los ciclistas incívicos que van por cualquier lado, es capaz de decir que sí.

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