La terminal

Ya que no hemos sabido salvar el Astillero, usemos esa estéril zona industrial para la nueva terminal de cruceros. Es urgente

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

El pasado jueves, cuatro buques de crucero coincidieron en Valencia. Fue el día culminante de un mes en el que hay anunciadas 35 escalas. En mayo se esperan otras 23, cifras que se van a repetir en septiembre y octubre, dado que la primavera y el otoño son, en Valencia, la estaciones favoritas del turismo de cruceros.

Para recibir a estos buques, para atender a las más de 400.000 personas que deciden bajar a tierra cada año, Valencia cuenta con la terminal de Transmediterránea (Acciona), que se ha quedado pequeña y anticuada y unas instalaciones provisionales, situadas en la lejanísima zona de ampliación, que se abren y cierran cada vez que un buque es destinado a ellas. Además de estas deficitarias instalaciones, Valencia tiene otra terminal, no menos estrecha y deficiente, con la que Baleària da servicio a sus líneas y, sobre todo, a esa comunicación con Mostaganem (Argelia), que ha resultado ser un enorme éxito, pese a los retrasos del Estado en reconocerlo.

El resumen es evidente: Valencia necesita remodelar y modernizar todas sus terminales de pasajeros marítimos y construir la gran terminal de cruceros de la que se viene hablando desde hace al menos quince años. Y hacerlo es tan prioritario como el Corredor Mediterráneo o el Acceso Norte al puerto, infraestructuras estratégicas, de valor nacional, que nunca encuentran eco en los presupuestos del Estado. Solo la dotación inmediata de la terminal de cruceros ya valdría la pena de que nuestros diputados, todos y en bloque, probaran a plantar el mingo durante las próximas semanas.

El viernes pasado, los responsables de la Autoridad Portuaria esbozaron un proyecto de futuro que puede ser brillante: utilizar las antiguas instalaciones de Unión Naval de Levante y preparar en ellas la terminal y una nueva dársena de cruceros. Dado ya el fracaso y la renuncia de la firma Boluda a la hora de levantar una tradición fabril valenciana próxima al siglo de historia, lo mejor será que ese estéril desierto industrial dé paso, cuanto antes, a un capítulo nuevo en nuestra historia. Ya que no queremos competir en la industria pesada, intentemos hacerlo en lo turístico, suplantando el mal servicio actual por instalaciones dignas del siglo XXI. Además de explotar la baza suprema de la proximidad a la ciudad es obvio que el AVE tiene que llegar hasta los muelles si no queremos perder competitividad frente a Barcelona.

El Ayuntamiento, que siempre que puede pone dificultades a las soluciones ajenas más obvias, ya empezó el viernes a demorar lo que es urgente pidiendo tiempo para estudiar accesos, carriles bici y otros detalles que debería tener resueltos hace años. Esperemos que, contra lo acostumbrado, el Excelentísimo despeje sus dudas en un par de semanas y no en un par de años, como suele suceder. Porque las soluciones para el puerto son tan urgentes, y tan vieja su necesidad, que dificultarlas equivale a trabajar contra Valencia misma.

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