UN TRAJE XXL

NACHO COTINO

Habían pasado más de 1000 noches desde que el aficionado no tenía la oportunidad de sentarse en su localidad o ante el televisor para disfrutar de una gran noche de Champions y... 'a la primera 'cullerà', mosca'. Imagino que, como yo, la gran mayoría de aficionados -con independencia del resultado final del partido porque la envergadura del rival lo hacía muy complicado- esperaba una reacción de su equipo que se acercase más a lo que vimos la temporada pasada y no a lo que llevamos viendo desde que empezó a rodar la pelota a finales de agosto. Imagino que, como yo, la gran mayoría de aficionados esperaban ver un Valencia que hiciera sudar sangre a la Juve pero, lamentablemente, los italianos hicieron en Mestalla el miércoles exactamente lo mismo que habían hecho el martes: darse un paseo. Aunque el técnico, con el que casi siempre estoy de acuerdo pero en este caso no, dijese que había habido tramos del partido en los que el Valencia lo había tenido controlado, creo sinceramente que el Valencia no tuvo nunca el control del encuentro. Que fueron los italianos los que hicieron lo que les pasó por las narices en todo momento incluso una vez expulsado Cristiano Ronaldo. Que al Valencia, el partido... 'le vino grande', muy grande. No quiero ni pensar qué hubiese sucedido si el Valencia se hubiera enfrentado durante 90 minutos al equipo que los primeros 20 minutos, con 11, gozó de cuatro ocasiones clarísimas de gol. Mejor no haberlo tenido que comprobar porque el 'baño' pudo ser, incluso, más humillante de lo que al final acabó siendo. Imagino que, como yo, muchos piensan que el Valencia del año pasado sí le habría apretado las tuercas a la 'Vechia Signora'. Es una evidencia que las prestaciones de muchos jugadores han bajado ostensiblemente, que -de momento- la aportación de los recién llegados no está resultando como se esperaba y que, además, hay ausencias importantes que se notan mucho en el campo. Pero eso, siendo muy importante, es coyuntural y sí empieza a dar la inquietante sensación que hay un problema más estructural que, sinceramente, no sé si tiene que ver con la ansiedad porque lo que no quiero creer es que tenga que ver con la calidad. No quiero creer que algunos de ellos el año pasado rindiesen muy por encima de sus posibilidades. Quiero creer que no. Quiero creer que hay mimbres, que les volveremos a ver volar y que esto no pasa de una mala racha, aunque hay síntomas que encienden alarmas, porque una cosa es que uno no esté a su mejor nivel y otra bien distinta constatar el desconcierto absoluto que en algunos tramos de más de un partido se empieza detectar sobre el césped. Pero el calendario acucia de tal manera que no hay tiempo ni para deprimirse y nos va a proporcionar oportunidades para que todo lo que ha ocurrido hasta ahora quede sepultado por una buena racha que devuelva la sonrisa a Mestalla. Espero, con permiso del Villarreal, disipar todas mis dudas en el Estadio de la Cerámica.

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