Grezzi va a la suya particular

FERRAN BELDA

El concejal de Tránsito del Ayuntamiento de Valencia Giussepe Grezzi es muy suyo. No hará falta que se lo jure. Igual cambia de hoy para mañana el sentido de la circulación de una docena de calles que se pasa tres años y tres meses deshojando la margarita sobre si rescinde o no las polémicas autorizaciones otorgadas para el funcionamiento de autobuses turísticos. La cuestión es por qué. ¿Por qué, por ejemplo, no se encomendó a ninguno de los técnicos de la corporación cuando se puso a peatonalizar calles moviendo macetones de acá para allá y, sin embargo, se toma todo el tiempo del mundo para elevar consultas y resolver asuntos mucho más acuciantes? Ahora está todo el mundo apremiándole a que actualice las ordenanzas en materia de circulación viaria. Pero como lo que a él le interesa son las bicicletas y ese es un negocio que, por la cuenta que le trae, funciona de maravilla, carril bici va, carril bici viene, no tiene prisa en que se aprueben. «Piano piano si arriva lontano«, contesta a quien le pregunta. Ya puede el alcalde admitir que se siente agobiado por la presión de los cazadores de fortuna callejera que no hay quien le saque de sus trece. Ni el hecho de que una concejala de otro partido le sacara las castañas de los patinetes del fuego le animó a avivar el paso. Podría haber copiado en un santiamén las novedades reglamentarias introducidas por Barcelona, como hicieron otras ciudades españolas, y quitarse el follón de encima. Pero ha preferido continuar la tramitación de la modificación a cámara lenta para que nada ponga en peligro la implantación de la bicicleta como vehículo de movilidad personal (VMP). Y es que hay dos Grezzi. El resolutivo para según qué cosas. Y el frío y calculador para según qué otras. La prueba la tienen, como les comentaba al principio, en la historia del dichoso permiso para la explotación del negocio de los paseos turísticos urbanos en autobús. Se suponía que por la celeridad con que acusó al PP de renovarle la autorización al adjudicatario detenido en compañía de Alfonso Grau cuatro días antes de las elecciones no tardaría en rescindírsela y en sacarlas a concurso. Máxime habiendo acusado igualmente al equipo de Rita Barberá de causar un serio quebranto al ayuntamiento por no cobrarle ninguna tasa. Pero qué va. Antes expirará la concesión que cumplirá la amenaza o reconsiderará alguna de las otras concesiones adjudicadas por el PP a la firma investigada. De hecho ya ha admitido que no existe impedimento alguno para renovárselas. Por lo que si, según los propios cálculos de Grezzi, a 31 de diciembre de 2015 Valencia había dejado de ingresar unos 7 millones de euros por este trato de favor -medio millón anual-, las pérdidas no tardarán mucho en elevarse a 8 y medio (Otto e mezzo), como la película de Fellini. Y ahora no es Alfonso Grau el que le hace la vista gorda a su relojero.

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