Operación jaula

Estar en una parada de autobús estos días es un ejercicio de autocontrol muy positivo para la jornada electoral

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

La campaña es como una almendra amarga. En cuanto sabemos que hay elecciones, la propaganda lo empaña todo. Como la almendra amarga que aparece de pronto. Poco importa lo que comas tras ella, que todo sabor quedará eclipsado por su poso desagradable.

Así es como leo casi todas las noticias de estos días. Con sospecha. Con amargura en el paladar. Homenajear a Carmen Alborch siempre es justo pero suena a instrumentalización. Comprar autobuses es una buena idea, pero hacerlo media hora antes de empapelar la ciudad con una campaña centrada en un «vótame, que yo compro autobuses y ellos, no» le arrebata a la medida cualquier inocencia que pudiera tener. Ni un pelo, lo sé, pero una aún intenta jugar a la gallinita ciega con los partidos. Lo malo es que siempre los pillo moviéndose.

Estar en una parada de autobús estos días es un ejercicio de autocontrol muy positivo para la jornada electoral. Lo pienso mientras intento llegar a Russafa en 'la madre de Satán' de Grezzi que es un coche a gasolina. Merezco más latigazos que las que protestan contra Omar al Bashir en Sudán, no me cabe duda. El caso es que paso por Peris y Valero. Bueno, 'pasar' es una metáfora que da color al relato. Lo que se dice 'pasar', no pasas. Entras y te quedas a dormir. Es lo que ha conseguido la conjunción astral de supresión de carriles y embudos para acelerar el paso de cinco o seis bicis por Reino de Valencia; el corte de calles tan poco importantes como Matías Perelló, para carpas falleras tan grandes que podría jugarse un Valencia-Barça dentro y sobrar sitio, y los problemas habituales en las entradas y salidas de Valencia que han mejorado tanto durante el reinado de Compromís. ¡Grazie Grezzi!

El concejal nos está regalando a los vecinos de Russafa toda una experiencia. Ahora que se lleva tanto regalar experiencias en lugar de objetos, lo nuestro no tiene precio. Vivimos una continua 'Operación Jaula' como la que se impone en las ciudades tras un atentado. Nadie sale ni entra hasta que se encuentra al comando. Así vivimos las Fallas algunos. Lo pensé mientras me daba tiempo a hacer un arroz a banda en el coche en el colapso de Peris y Valero el viernes por la tarde. Por un momento, mientras empezaba a hervir, miré hacia la parada de autobús. Allí estaban decenas de valencianos llenos de fe en la EMT. Ni en Lourdes encuentras algo similar. Yo, que había visto el milagro de un autobús a 40 minutos de distancia, es decir, dos o tres coches por detrás del mío, a punto estuve de ofrecerles que se sentaran por turnos, al menos para descansar los pies y probar el caldo de sal. Pero resulta que el gran logro es comprar más autobuses, dice la campaña electoral del ayuntamiento. No sé qué pensará la Junta Electoral pero no merece la pena ni prohibirles esos mensajes. A quienes miraban desesperados hacia el autobús que nunca llegaba no les va a convencer ni aunque les compren uno a cada uno.