Oltra y Puig empatan con Kim Jong-un

FERRAN BELDA

Cómo se nota que Mónica Oltra es alemana de cuna. Si fuera valenciana de toda la vida sabría que una dirigente, como ella que gobierna en coalición con el PSPV, no puede presumir de haber aprobado por unanimidad las 5.746 decisiones adoptadas por el ejecutivo valenciano desde julio de 2015. Porque eso, aunque no sea exactamente así, no es gobernar, ni influir. Eso, en román paladino, es «pegar la cabotà». Algo muy mal visto en Valencia. Un siglo de crítica política fallera lo atestigua. La cuestión es que lo comenté en el programa radiofónico en el que participo y dos de los contertulios se me echaron encima como lobos. Eso es normal -coincidieron en espetarme-. No. Lo normal es que los asuntos que aborde el ejecutivo hayan sido debatidos y pulidos en la reunión previa de la correspondiente comisión de subsecretarios. Pero que todos los consejeros digan amén a todo no lo es. ¿Cómo va a ser normal que dos partidos teóricamente antagónicos no hayan discrepado en nada en casi cuatro años? Ni que la Comunidad Valenciana fuera la Bulgaria de Zhivkov. 5.746 unanimidades es una marca norcoreana. En una comunidad autónoma española gobernada por dos formaciones supuestamente distintas no puede producirse semejante coincidencia de pareceres. Al menos sin despertar sospechas de que lo que ha habido en realidad en este cuatrienio bicolor, además de un ambiente de hermandad y camaradería impropio entre hipotéticos discrepantes, ha sido chalaneo. Un constante 'do ut des' únicamente alterado por irrelevantes roces ocasionados por el denominado mestizaje. La casuística, desde luego, juega en su contra de la vicepresidenta del Consell, que es la que ha demostrado apreciar esta ausencia de discrepancia. Las dimisiones han cuarteado la imagen del otrora ilusionante Macron. Theresa May ha tenido que cambiar los goznes de la cantidad de correligionarios se han ido del nº 10 de Downing Street dando un portazo nada británico. La lista de bajas sufridas por el equipo de Donald Trump es superior a la registrada por el ejército de los EE.UU. en Siria. Los que tildan a Pedro Sánchez de impetuoso desconocen la de veces que le han parado los pies algunos de sus consejeros. Pero si hasta Franco alargaba innecesariamente la duración de las reuniones para que sus obsecuentes consejeros, que tenían la próstata peor que él y no se atrevían a levantarse de la mesa, le aprobaran los asuntos incluidos en el orden del día sin enrollarse. ¿Cómo va cerrar el Consell del Botànic un ejercicio de manera tan monacal? Es imposible. A menos que Puig y Oltra se hayan pasado el mandato cantando a dúo 'One for you, One for me'. En cuyo caso es preferible la tensión latente en el Ayuntamiento de Valencia, donde, a una mala, si al concejal Sarrià le dan una patada por elevación tras intentar frenar el deseo de Ribó de dedicarse a la construcción por su cuenta, que es la de Compromís, uno, por lo menos, sabe a qué atenerse.