OJALÁ MENOS ACTOS

IKER CORTÉS

Hace unos meses, Hulu, la plataforma de vídeo bajo demanda que opera en Estados Unidos y que ahora es propiedad de Disney, estrenó 'The Act'. Protagonizada por Patricia Arquette y Joey King, la serie, que está disponible en España bajo Starzplay, recupera una historia real cuyo truculento desenlace tuvo lugar en una calurosa noche de junio de 2015, en Springfield (Misuri, Estados Unidos). El cadáver de Dee Dee Blanchard (Arquette), hasta entonces una abnegada madre, apareció tendido sobre la cama y cosido a puñaladas por la espalda. A partir de ahí, la ficción reconstruye a golpe de 'flashbacks' lo que ocurrió en torno a aquella desestructurada familia.

Y es algo espeluznante que se resume en los esfuerzos de una madre soltera por aislar a su hija Gipsy (King) de cualquier contacto con el exterior. Dee Dee hizo creer a su hija que había nacido enferma, que había tenido cáncer, que sus débiles piernas no podían sostener su cuerpo -Gipsy se desplazaba en una silla de ruedas-, que era alérgica al azúcar, que tenía problemas para tragar y por eso tenía una sonda en la boca del estómago... Crió a una prisionera, incapaz de valerse por sí misma y vulnerable, para que nunca abandonara su hogar. El plan tenía fecha de caducidad, que venció el día en que Gipsy se dio cuenta de la cruda realidad. Para ella fueron 19 años y para los espectadores, ocho episodios.

Pues, créanme, se hacen largos. Y es una pena porque, pese al olor a telefilme, el guion, la fotografía y el duelo actoral entre madre e hija resultan soberbios. Es sorprendente que ahora que las plataformas digitales han entendido que se dirigen más bien a nichos y no tanto a toda la familia, no den a cada historia la longitud que se merece. 'The Act' a menudo resulta reiterativa y demasiado explicativa, perdiendo ritmo y fluidez narrativa a marchas forzadas, pese a lo atractivo de su sórdida trama. Han pasado ya varias etapas de oro en lo concerniente a las series de televisión, pero la verdadera madurez llegará cuando las tramas y los argumentos dejen de hincharse de forma artificial.