Nunca lo entenderé

La prisión es un mal necesario, se ha escrito un millón de veces, pero es definitivamente verdad

VICENTE GARRIDO

En la conferencia que impartió en la Universidad Católica Carlos Javier Lanza, como representante de la Administración Penitenciaria, y de la que se hacía eco este periódico, el ponente explicó que los terroristas yihadistas empezaban ya a flaquear, que «el tiempo en primer grado [el de mayor severidad en una cárcel] pasa muy despacio», y que «los internos están siempre mostrando la cara que quieren que veamos, pero como su vida pasa ante nuestros ojos, no pueden evitarlo y acaban mostrando su cara real», es decir, la de hombres arrepentidos de sus actos.

La prisión es un mal necesario, se ha escrito un millón de veces, pero es definitivamente verdad. Muchos seguirían reincidiendo si no fuera porque han tenido que cumplir una condena de prisión. Se valora muy poco la labor de las prisiones españolas y a sus funcionarios, y en muchas ocasiones aquélla se desarrolla bajo situaciones de gran tensión. En promedio, el 50% de los condenados a prisión no vuelve a reincidir, si bien hay grandes diferencias en función del tipo de preso y su historial delictivo. Que tantas personas abandonen el delito tras su estancia en la cárcel revela que la frecuente expresión «nadie sale mejor de la cárcel» es, sencillamente, falsa. Por supuesto la dicen muchos exreclusos, quienes quieren pensar que ellos hubieran dejado de delinquir igualmente, pero se comprende este autoengaño.

Me irrita que solo se hable de la cárcel cuando se tocan 'temas estrella' como la pena permanente revisable o los nuevos crímenes de personas que tenían un permiso o estaban en libertad condicional. El sistema penitenciario hace una labor diaria de enorme importancia, porque incapacita a los delincuentes para seguir delinquiendo y ayuda en la reinserción a otros muchos, se quiera reconocer o no. Junto a los funcionarios de vigilancia que velan por la convivencia sin incidentes, muchos profesionales de la reinserción, además de personal externo de asociaciones que colaboran, hacen un trabajo callado pero muy necesario para la sociedad.

Esa labor de reinserción sería mayor si en España existiera la figura del delegado de libertad vigilada para las penas privativas de libertad, del tal modo que constituyera una figura con una organización y medios adecuados, para controlar y asistir a los presos que obtienen la libertad condicional. Igualmente, podrían hacer labor de supervisión de las medidas cautelares como las órdenes de protección. Voy a ser cansino: el Estado dedica millones de euros a formar a criminólogos. Nadie con poder de decisión se pregunta: ¿Por qué no emplearlos para supervisar a procesados o liberados en la comunidad? Además, se ahorraría mucho dinero, ya que muchos penados que ahora no obtienen la libertad condicional porque nadie se ocupa de ellos, la obtendrían. Y un preso cuesta mucho dinero. Nunca lo entenderé.

 

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