Los nuevos museos de Valencia. O no.

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Igual que con las Navidades llegan el turrón y el mazapán con los periodos electorales no puede faltar el anuncio de un buen número de nuevos centros culturales en cada localidad donde esté en liza el cargo de alcalde. Teatros, museos y auditorios surgen de la nada para que luzcan bonitos en los programas y den un halo bohemio a los mítines. Durante unos días las ciudades tienen en lista de espera futuros guggenheims, liceos y pompidous, que luego rara vez se ejecutan o si lo hacen aparecen con un montón de problemas bajo el brazo, fruto de no contar con un proyecto previo y claro.

Valencia no es ajena a esta tentación. Cualquier político que se precie quiere soñar con su pinacoteca o espacio de artes escénicas. En esta campaña ya hay unos cuantos edificios a los que les ha tocado la lotería, aunque habrá que ver si finalmente cobran el premio. No suele fallar: a aquellos inmuebles en desuso se les adjudica rápidamente una próxima utilidad de índole cultural (ahora también se estila el uso tecnológico). Luego, eso sí, del dicho al hecho va un largo trecho.

Y casi que mejor. Porque no hay pan para tanto museo o teatro. Ojalá no fuese así, pero conviene ser realista antes de que la propia realidad nos estampe en la cara y eche abajo cualquier expectativa generada. En el caso que nos ocupa, Valencia, no dudo de que carece de algunos enclaves que harían de esta una ciudad más completa y atractiva, pero antes de levantar proyectos inéditos es recomendable armar bien los que ya existen. Esto es, dotarlos de presupuesto, de personal, de logística y de autonomía. Porque detrás de algunos centros sobre los que recae gran parte de la actividad se esconden unas carencias flagrantes, que se disimulan a costa de los equipos que los gestionan. Es necesario reparar estas deficiencias para que muchas ideas salgan adelante y para que las que salen lo hagan en condiciones óptimas. Ahí queda un gran trabajo por hacer. Y no es algo que atañe solo a los museos me consta que otras muchas instituciones culturales atraviesan penurias y que sus programaciones salen adelante por el buen hacer de sus trabajadores. Hasta que se cansen, que no me extrañaría que sucediese más temprano que tarde. Las treguas tienen caducidad.

Luego está la cuestión de la búsqueda de espectadores, un tema que cuesta abordar porque es un hueso duro de roer. Miedo da leer que se van a inaugurar escenarios cuando los que hay en muchas ocasiones se topan con las butacas vacías. De nada sirve hacer cultura si no alcanza a nadie, eso es como mentirse a uno mismo. Los públicos se construyen, los públicos se trabajan, los públicos se mantienen. Y es algo por lo que nuestros políticos deben pelear, dotando de medios a los diferentes espacios, poniendo al frente a dirigentes responsables y buscando objetivos a largo plazo y no pequeños triunfos que solo sirven para salir en alguna foto, pero que luego se pierden en la nada.