Notre Dame, se buscan donantes

Los movimientos de solidaridad para la restauración no deben ocultar la inexistencia de una política de conservación seria que identifique, proteja y preserve el patrimonio

Notre Dame, se buscan donantes
ELENA MARTÍNEZ DE MADINA SALAZAR

Los gobernantes, de mayor o menor graduación, no dejan de sorprendernos. Y no solo los de nuestro entorno ahora que estamos en campaña electoral y tienen la lengua suelta, sino también los de allende nuestras fronteras. Saben ustedes que la catedral de Notre Dame se ha quemado, ¿verdad? El mundo -es decir, el llamado 'occidental', el otro es como si no existiera-, aterrado, siguiendo el incendio minuto a minuto. Personas arrodilladas, rezando, cantando avemarías. Otras en silencio, con lágrimas contenidas o llorando a moco tendido. Y, mientras tanto, el templo en llamas.

Sí, que el patrimonio se destruya, por la razón que sea, siempre es una tragedia. Recordemos que el patrimonio, según definición de la Unesco, es una fuente insustituible de vida e inspiración. Es la herencia cultural del pasado de una comunidad. En la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural, celebrada precisamente en París en 1972, se considera patrimonio monumentos como obras arquitectónicas, de pintura o escultura, elementos arqueológicos, cavernas, grupos de construcciones aisladas o reunidas, que tengan valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, del arte o de la ciencia. También lugares, zonas naturales, formaciones geológicas, etc, con un valor estético o científico. En 2003 se añade un complemento: la Salvaguarda del Patrimonio Inmaterial, donde se incluye usos, conocimientos, técnicas, expresiones, ritos, etc, que sean parte integrante del patrimonio cultural de comunidades o grupos de individuos y transmitidos de generación en generación. Se han celebrado más convenciones y se ha aumentado la lista. En 2007, por ejemplo, se consideró como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad la toponimia, los nombres de lugar.

Es decir, que todo aquello que hemos heredado, y consideramos que tiene un valor relevante para nuestra cultura, sea material o inmaterial, debe identificarse, protegerse y preservarse. Muy bien. Todos estos documentos dependientes de la ONU los firma un buen número de países. Lo que debemos preguntarnos es qué hacen las políticas de esos países para llevar a cabo esa protección del patrimonio.

Sabido es que no hay dinero para todo lo que desearíamos. Pero es más que evidente que, según como se administre, los recursos se dirigen hacia unos focos y no a otros. Y digo esto porque, según parece, la citada catedral de París llevaba pidiendo a gritos desde hace muchos años algún que otro arreglillo (y es ahora que se habían puesto a ello). Pero es que salvaguardar el patrimonio no es solo arreglar o restaurar. Hay que prever posibles daños, mantener el bien en buenas condiciones; y en el caso de edificios, que es el que nos ocupa ahora, sistemas de seguridad, medidas de protección, de detección de problemas, etc. Es decir, el 'conservar' de toda la vida. ¡Lo primero que he pensado es ¡la cantidad de dinero que se puede recaudar en esa iglesia en un año! ¿Dónde lo invierten?

Y es ahora que nos acordamos de Santa Bárbara (cuando truena) y empezamos a oír propuestas increíbles de los que reparten 'los cuartos' y de 'expertos en incendios'.

Dice Trump que por qué no corren con aviones y sueltan toneladas de agua... Claro, él es experto en muchas cosas, y también en catedrales góticas y sus incendios. Cabe aquí mencionar el incendio de la catedral de León, en 1966, y la labor del cantero y restaurador Andrés Seoane, maestro de obras en aquel entonces, con la decisión de que en un momento dado se retiraran los bomberos, por el tipo de piedra, porosa y ligera, de la catedral y ante el temor del excesivo peso que podía asumir al recibir grandes cantidades de agua, con el consiguiente desplome de la estructura. Algún que otro españolito también ha sugerido lo mismo que el americano (es que estos 'gabachos' no saben nada, dicen). En fin, dejemos a los que saben que hagan su trabajo.

A su vez, han empezado a llegar los testimonios de solidaridad con los franceses, con la humanidad entera y con la tristeza del incendio. Los representantes de muchos países, políticos en general, y realeza, dando el pésame. ¿Es necesario decir en cada momento lo que piensas o lo que creen los demás que debes pensar y decir lo obvio? Igual sí por aquello de subir la moral. Pero lo que yo veo absolutamente necesario es que los mandatarios se tomen en serio, y de una vez por todas, el patrimonio.

Asimismo, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, propone la celebración de una «gran conferencia internacional de donantes con mecenas del mundo entero a fin de recoger los fondos necesarios para la restauración». Pero ¿cómo es esto? ¿Donantes del mundo entero para Notre Dame? ¿Y hasta ahora qué han hecho con sus presupuestos? ¿Cuánto han invertido en ese y en otros muchos bienes patrimoniales?

No voy a tocar el tema, también oído por ahí, de que «mientras los negritos se mueren de hambre, nosotros salvamos catedrales», por populista, irreverente, manipulador e idiotez supina. Pero lo que sí podemos exigir es que los acuerdos firmados por los Estados se cumplan, o por lo menos se intenten cumplir, con un poco más de ahínco. Miremos a nuestro alrededor: ermitas derruidas, torres caídas, almacenes llenos de obras de arte, vertidos ilegales, ni caso a lo del cambio climático que tanto influye en el patrimonio de la biodiversidad, culturas llevadas al ostracismo y una lista larga de asuntos. Pero las preguntas son claras: ¿Este tema de qué va? ¿De donantes o de políticas? ¿Cuánto se invierte en patrimonio y en su investigación? Igual es que como todo esto es 'de letras', pues no hace falta. Será eso. El asunto de los donantes que han salido como setas lo dejo para otro día.