NORTEÑOS

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Suelen herir nuestra honra cuando desde otras latitudes se muestran incapaces de situar correctamente España en el mapamundi, cuando sólo nos conocen por los sobados tópicos del «toreador» y una señorita Carmen con una sensual navaja albaceteña encajada en la liga. En estas situaciones algunos se tornan harto quisquillosos, sienten que su orgullo sufre una hemorragia irreparable. Uno, en cambio, procura ser más compresivo. Y es que, desde luego, uno arrastra importantes lagunas. Los países nórdicos me despistan. Los arracimo bajo el epígrafe de «norteños» y con eso me apaño. Norteños, son norteños. No sólo puedo confundir desahogado las fronteras entre Suecia, Noruega y Dinamarca, sino que los miembros de su realeza se me antojan un grupo pálido, lechoso, similar bajo el envoltorio de su apariencia mustia. ¿Gustav es rey de Suecia o de Dinamarca? Pues no lo sé, ni siquiera me atrevo a confirmar que mantengan una testa coronada llamada Gustav. Desde luego les pega, pero no podría afirmarlo. En cualquier caso, lo que me contaron unos amigos amantes de los largos viajes acontece bajo la férula danesa. Por lo tanto, si mis amistades no me han mentido, esto es cierto: las Islas Feroe (4-0 la otra tarde) disfrutan de una suerte de autonomía bajo pabellón danés. En cierta ocasión se vinieron muy arriba y exigieron referéndum para conseguir la independencia. Dinamarca amenazó con cerrar el grifo y se les disipó rápido el ardor independentista. Moran en Groenlandia, otra suerte de autonomía danesa, los simpáticos inuits. Sobreviven subvencionados en un estado de semipobreza y paro, con lo cual andan ociosos fumando y bebiendo todo el día. Basura y chatarra se acumulan frente a sus cutres hogares ante el pasmo de los turistas. Caray con los bondadosos norteños que nos suelen sermonear...