Aunque es de noche

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

Los universitarios que estos días llegan a las aulas están sorprendidos por el protagonismo que tienen las tesis y los másteres en la vida política. Por eso, los primeros minutos de este apasionante comienzo de curso tenemos que dedicarlos a precisar la información sobre los másteres, las tesis, y los procedimientos que regulan la vida académica. Después de las informaciones que aparecen sobre algunos másteres y doctorados, cuesta trabajo convencer a los alumnos de que la vida académica está llena de esfuerzos y sacrificios cuyo gratificante resultado final es la publicación de un artículo original en una revista, la defensa de un trabajo de investigación o la defensa una tesis doctoral.

Recordar en clase que esta cultura del esfuerzo y del sacrificio es la médula espinal de la vida universitaria no es fácil. Es una tarea contracultural. Sobre todo, cuando es relativamente fácil el acceso a un puesto universitario, cuando la media para obtener una beca es ridícula (apenas aprobado), cuando los servicios se organizan para facilitar la llegada y el aterrizaje epidérmico de los nuevos estudiantes, y en general, cuando la vida social, política y cultural entroniza la frivolidad, el egoísmo, la mezquindad, el enriquecimiento rápido y la obtención del poder a cualquier precio. Por muy obvio que pueda resultar, el primer día de clase los estudiantes deberían hacer memoria de que están aprovechándose de recursos que a sus padres (y abuelos) les han costado «sangre, sudor y lágrimas». En pocas décadas, el sistema educativo español en general y el universitario en particular, ha cambiado radicalmente, situándose entre los mejores del mundo. Basta conocer la evolución de las universidades europeas y americanas para comprobar cómo hemos mejorado visiblemente en infraestructura y recursos.

Esta transformación educativa, de la que no son conscientes nuestros alumnos, no ha venido acompañada de una reflexión cultural necesaria porque desde los medios de comunicación, las instituciones públicas y la clase política se ha desatendido la dimensión interna, formativa y espiritual de los jóvenes. Ha sido una transformación visiblemente utilitarista y mecánica, orientada por la empleabilidad precipitada, la rentabilidad de los estudios o carreras y el abandono de cualquier patriotismo básico o constitucional.

No deberíamos olvidar esta dimensión espiritual del estudio, la cultura y la educación, como nos recordaron hace unas horas las nuevas doctoras de la UIMP, Teresa Rodrigo y Ainhoa Arteta. Esta última terminó su discurso de investidura prestando su voz de soprano a San Juan de la Cruz. Con un poema que describe la necesidad seguir animando, un año más, a nuestros alumnos, a pesar de la tormentosa oscuridad política, educativa y cultural. El primer verso que daba título al poema reza así: 'Aunque es de noche'.

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