Sin ninguna gracia

Manu Ríos
MANU RÍOS

La realidad supera a la ficción. Eso al menos debe andar pensando el comediante Dani Mateo ante la dimensión que ha alcanzado su sonada de mocos en la insignia nacional. Una tormenta que en lugar de amainar sigue creciendo. No seré yo quien aplauda a quien jamás le he visto ni la gracia ni el talento suficiente para hacer reír, pero tampoco se le puede lapidar. Mateo se pasó cuatro pueblos sí, pero eso no justifica la oleada de odio y violencia léxica que anida en redes sociales contra él.

Lo que hizo este señor no tenía humor, ni gracia, ni resultaba conveniente y menos todavía en estos tiempos en que tanto se cuestiona la unidad de España. Y el señor Mateo y el Gran Wyoming tienen experiencia y cintura televisiva suficiente para intuir el alcance que podría tener el 'sketch' de marras. Fue una provocación y un desacierto que nada tiene que ver con un los límites del humor o la creación artística. Así al menos lo han considerado las firmas comerciales que le han retirado las campañas de publicidad. Pero una cosa es la crítica y la discrepancia (es hasta sano hacerlo) y otra muy distinta es boicotear sus espectáculos o insultarle, amenazarle y coaccionarle a él y a su entorno personal y laboral. Entre otras cosas porque pueden ser constitutivas de delitos.

Hoy, con la nueva Inquisición que marca Twitter, la aldea global esconde a no pocos cobardes, violentos y amargados. Es viral la campaña que se ha organizado en su contra, buscando su descrédito personal y artístico. Querer dejarle sin voz pero también sin pan es intolerable. Su bar ha recibido cientos de comentarios negativos y el Teatro Olympia ha tenido que suspenderle las dos actuaciones que tenía contratadas ante la oleada de amenazas que han recibido y la concentración que anunció la ultraderecha valenciana a las puertas del teatro como acto de protesta.

Y por si no fuera ya suficiente la desproporción que ha cogido el asunto, el alcalde Joan Ribó o el President Puig han salido a la palestra para ofrecerle espacios públicos donde pueda representar la obra cancelada. Nada malo si no se exagera con el mensaje. Por muy progresista y de izquierdas que se sea, el apoyo al actor no se puede presentar como un caso de «defensa de la libertad de expresión» como indica el primer edil.

A Mateo ni lo ha condenado ningún tribunal, ni nadie le ha quitado su libertad de expresarse como quiera, de hecho lo hace a diario ante millones de personas y desde sus cuentas de redes sociales. La opinión pública no se está revolviendo contra ninguna Ley Mordaza. Se apoya al actor por el acoso que está sufriendo. Como ha dicho Ximo Puig, «la libertad de expresión siempre debe estar por encima de la intolerancia». Deberíamos aprender a poner las cosas en su justo término.

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