NEORURALES SIN MOLESTIAS RURALES

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

La pancarta rezaba así: «Quiero vivir en mi pueblo. ¿Me dejáis?» Nerea Sarasa, ganadera en Loporzano, Huesca, ha visto frustrado su proyecto de ampliar la explotación familiar de ganado vacuno, después de que el ayuntamiento haya suspendido la concesión de licencias para instalar granjas o aumentar las existentes. La consecuencia es que se ven cortadas muchas posibilidades de creación de empleo y de autoempleo en localidades que cuentan con escasas alternativas de actividad económica. En el caso de Nerea, posiblemente no puedan seguir ni con la explotación que tiene actualmente con su novio, porque si no se gana dimensión no se cuenta con la suficiente viabilidad, y para ir trampeando es mejor dejarlo estar.

El caso no es único, cada vez proliferan más por toda España. ¿Por qué se frenan inversiones agroganaderas? En principio se alude a motivos medioambientales, posibles molestias para los vecinos, moratorias provisionales para adecuar planes urbanísticos... En el fondo está el nuevo poder emergente de los neorrurales, que se contrapone en ocasiones a las actividades tradicionales de vecinos de toda la vida, porque se trata de planteamientos divergentes, aunque en su inicio podía verse este fenómeno neorrural como una tabla de salvación para el problema del despoblamiento.

Hay un creciente movimiento ciudadano que opta por dejar las grandes urbes e irse a vivir a pequeños pueblos, e incluso localidades casi deshabitadas, en busca de la tranquilidad idealizada del medio rural. Si no cuentan de partida con recursos económicos asegurados por la vía que sea, muchos neorrurales apuestan por emprender actuaciones agrícolas o de turismo rural que a menudo se ven frustradas, con lo que se ven obligados a regresar a las ciudades de origen, en busca de empleos con sueldos seguros. Sin embargo, un gran número de los evadidos de las capitales pueden asentarse en los pueblos porque tienen fuentes de ingresos aseguradas: pensionistas, artistas, rentistas, trabajos on line, empleados en las ciudades que prefieren vivir en localidades a decenas de kilómetros...

Estos nuevos habitantes del medio rural cuentan por supuesto con todas las simpatías, porque se ve en ellos gran parte del futuro que puede apuntalar la vida en pueblos mortecinos. Sin embargo, a la hora de la verdad comienzan a verse choques de intereses y afloran conflictos inesperados. Los que siguen en el pueblo se ocupan en lo de siempre, a veces en cosas algo molestas (ruidos de tractores, campanas, animales, malos olores de granjas, necesidad de construcciones para albergar actividades...) y tienen lógicamente la aspiración de ir a más. En cambio los neorrurales buscan paz, quietud, paisaje verde...., y lo demás no les incumbe más allá de procurar que no les importune, porque no tienen necesidad de emprender actividades para poder vivir, como los rurales 'viejos'. Los siguientes pasos son conocidos. Los neorrurales saben como moverse. Llegan elecciones, forman candidaturas nuevas, han engrosado el censo con su presencias... Los del pueblo de siempre no se ocupan de esas cosas, no tienen tiempo, ni pensaron en ello... Ganan las candidaturas emergentes y llegan las consecuencias: nuevas normas para asegurarse su hábitat idealizado que implican prohibir o restringir actividades agrícolas y ganaderas, hasta costumbres de toda la vida. El conflicto está servido, y no ha hecho más que empezar. Si no se reaviva la economía de los pueblos seguirá ampliándose la España vacía.