NARANJAS Y POLÍTICA

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Planteaba Pablo Salazar días atrás la duda de «si la tragedia (de la crisis) citrícola se puede solucionar con decretos ley desde los despachos del poder o si la raíz del problema es más honda», cuando se advierte el empeño de políticos en campaña electoral «por parecer más rurales y naranjeros que los demás». Es cierto que el problema de la crisis naranjera tiene también otras raíces, pero desde luego existen muchas decisiones y omisiones políticas que han determinado la profundidad del problema. Empezando por las consabidas estrategias electoralistas de hacerse las fotos que parecen más oportunas, más 'vendedoras', para luego olvidarse del tema, así como prodigarse en promesas y anuncios vacuos, de esos que se notan totalmente huecos de nacimiento, para no darles ninguna continuidad después en caso de salir elegidos, que unos u otros acaban saliendo para puestos de responsabilidad y tienen que ver con las decisiones y omisiones que nos afligen. Una de las partes más gruesas del problema estriba en que países de fuera de la UE nos están apartando en los mercados comunitarios a base de una competencia desleal consentida por todos. Eso es así por unos acuerdos preferenciales que han firmado la Comisión Europea y los países miembros, incluido el Gobierno de España (de un color y de otro), en contra de los intereses de los propios citricultores españoles, sin atender a sus quejas, sin medir las consecuencias, despreciando las pocas advertencias sobre lo que iba a ocurrir y también sin prever compensaciones por los quebrantos impuestos a cambio de favores en otros sectores económicos. Todo esto representa un enorme conglomerado de decisiones y omisiones políticas que, por supuesto, se pueden y se deben resolver desde los despachos del poder. Y solo es una parte de un larguísimo listado de agravios.