EL NAPALM LLEGÓ

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Por aquello de aplicar el capitalismo hasta las últimas consecuencias existe un fértil y lucrativo mercado en los Estados Unidos en torno a las fotos firmadas por actores, deportistas y celebridades de mayor o menor enjundia. Esas fotografías firmadas vienen acompañadas por un certificado que impide, parece ser, la sospecha de la falsificación. En principio se lo toman muy en serio y te aseguran que la firma es auténtica. Será ese lado calvinista y puritano que forma parte de su cultura.

Gracias a las habilidades internautas de un buen amigo (a mí lado cualquiera es hábil, también es verdad), acabo de recibir una preciosa fotografía de Robert Duvall vestido de coronel Kilgore durante el rodaje de 'Apocalipse now'. El gozo me traspasa. El coronel Kilgore, por si alguien se ha olvidado, es el militar atrabiliario que en Vietnam suelta esas perlas legendarias como «Charli no hace surf» o «aquella colina olía... ¡a victoria!». De repente poseo, pues, un pedazo de ilustre historia del cine. En mi morada. Se me antoja increíble, sobre todo porque la pieza apenas me ha costado algo más de setenta cochinos euros. Firma y foto por esa cantidad lo considero un chollo sideral. Sin embargo la suerte no me ha sonreído del mismo modo con la segunda parte. En efecto, en cuanto llegó esa joya me largué a la tienda del barrio donde enmarcan. Estaba cerrada. Ha desaparecido y ahora venden productos de una gran cadena. Otro comercio de proximidad que cierra, que se extingue por el avance de los tiempos. Ignoro si el señor que regentaba el chiringuito se ha jubilado o chapó porque los números flojeaban, pero en un caso u otro, nadie ha querido retomar un negocio que duró décadas. Terrible paradoja: consigo en pocos días una foto mítica firmada por Robert Duvall a miles de kilómetros pero no puedo enmarcarla en mi barrio.