La movilidad que está al caer

En apenas una semana se aplicará por completo la nueva ordenanza de tráfico, que no satisface a casi nadie

La movilidad que está al caer
PACO MORENO

Creo que no somos conscientes de lo que va a ocurrir en Valencia a partir del 1 de septiembre, cuando se aplique con toda rotundidad la ordenanza de Movilidad. El calor veraniego nos ha adormecido, pero dentro de menos de una semana ocurrirá sencillamente que habrá otras normas para moverse por la ciudad.

Se ha discutido mucho, y lo que queda, de si son mejores o peores, demasiado arriesgadas o cortas para lo que pedían algunas asociaciones. La Federación de Vecinos asegura que los peatones estarán más desprotegidos y la oposición que sencillamente no funcionarán. Hasta los consumidores se quejan de que apenas se han realizado campañas informativas.

Sea como sea, el día 1 está a la vuelta de la esquina y muchas de las normas tendremos que aprenderlas con el lema de la vieja escuela «la letra con sangre entra». Al cruzar una calle de un carril en cualquier barrio habrá que mirar a los dos lados, tanto en el sentido de la circulación como en el contrario. Los ciclistas tienen permiso para circular en los dos. Veremos qué pasa con los atropellos y si el Ayuntamiento debe hacer como en la avenida del Oeste, cuando el doble sentido fue acompañado con señales de alerta pintadas en el suelo. Habrá que aprender a no reclamar al seguro del usuario de un patinete en el caso de ser arrollado en una acera. La ordenanza sólo lo recomienda y fija la obligación en los que pesan más de 25 kilos o superan los 30 kilómetros por hora de velocidad máxima. ¿Cómo se pide entonces daños y perjuicios por la rotura de una cadera? Siempre habrá un responsable, está claro, pero es innegable que sin la póliza se embrolla todo más.

Habrá que acostumbrarse a circular detrás de ciclistas en calzadas aunque haya carril bici. La ordenanza ya no fija la obligación de que vayan por ese espacio reservado para este transporte, de nuevo es sólo una recomendación. Podría darse el caso, hay que hacerse a la idea, de ir en procesión detrás de una bicicleta en calzadas de un carril único, como la calle Ruzafa o la avenida Reino de Valencia.

Para los que piensen que las calles peatonales serán para los peatones, como su propio nombre indica, que se vayan olvidando. La nueva ordenanza mantiene el permiso para que bicicletas y patinetes circulen por esos espacios, saturados por terrazas de bares, chiringuitos de empresas de venta en la calle o los inevitables manteros en las zonas turísticas. Las aceras seguirán siendo territorio sagrado, pero a la vista de lo que ha pasado los últimos años, dudo de que mejore de repente la concienciación. O sea, que antes de salir del patio es mejor mirar por si acaso. Además, ¿El Ayuntamiento puede cobrar una multa impuesta a un turista llegado de Berlín y que volverá a su casa en unos días? Lo dudo.

Todo eso y mucho más es lo que pasará a partir del día 1, sin resolver además el problema del alquiler de vehículos compartidos en la calle, es decir, motos, patinetes y los coches que vendrán. Las vacaciones han sido largas en muchos despachos del gobierno municipal y no hay prisa en regular. En el último recuento del sector ya había unos 4.000 vehículos en oferta de este tipo en Valencia. Pero no se ha movido nada y hace ya un año que llegaron los primeros patinetes. Tras el revuelo de unos días y los decomisos de la Policía Local, parece que a nadie le importa.

Habrá que acostumbrarse a estas novedades, aunque hay cosas que nunca cambian en Valencia. Hasta seis meses le ha costado a una comerciante de la plaza de la Reina, me aseguraba el viernes, que el Ayuntamiento escuche sus demandas sobre un indigente instalado en la puerta de su tienda, una persona que había colocado un palé de madera, un colchón y un montón de enseres a unos metros de una oficina de turismo. Bonita postal de Valencia, que se completaba con el aroma que salía de un seto cercano que hacía las veces de letrina.

Es un caso particular, todavía no resuelto, pero que me convence aún más de que los pequeños comerciantes del centro histórico son héroes. Cuando ven que todo alrededor son franquicias, bares y locales de souvenirs construidos en China, aguantan el tipo y deciden levantar cada mañana la persiana. Ya puede el gobierno municipal de turno sacar pecho diciendo que subvencionan escaparates o rótulos. Nunca será suficiente. Además, si quieren salvarlos, lo mejor que pueden hacer es arreglar las calles y facilitar la llegada de vecinos. El ejemplo de que no se está haciendo está en el barrio del Carmen y la calle Serranos, otra postal que se llevan los turistas.