MONUMENTAL DESIDIA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

A los pocos meses de que la Fundación Hortensia Herrero anunciara su intención de restaurar la iglesia de los Santos Juanes con un proyecto que arrancará en 2020 y cuya estimación presupuestaria alcanza los seis millones de euros, los muros del templo fueron escenario durante las pasadas Fallas de uno de los episodios más bochornosos de todas las fiestas, con jóvenes orinando contra la pared tras la noche de juerga en la verbena y el botellón de los alrededores. Para que la Lonja -Patrimonio de la Humanidad- no sufriera idéntico maltrato por parte de los incívicos, el Ayuntamiento de Valencia optó por proteger la puerta principal, la de la plaza del Mercado, con una estructura de madera, una forma como otra cualquiera de reconocer la derrota al aceptar su incapacidad ante la extensión desenfrenada de una manera de ocio nocturno enormemente lesiva para el mobiliario urbano, para los edificios históricos, para la convivencia vecinal y para la imagen de la tercera capital de España. Ahora, el equipo de gobierno de Ribó dice que algo hay que hacer, que lo de este año no puede volver a pasar, que los monumentos deben gozar de una protección contra eventos multitudinarios y descontrolados. Pero ese mismo ayuntamiento que ahora trata de mostrarse duro (cuando ya no hay nada que hacer) es el que ha colocado una batería de urinarios ante los muros de la iglesia de San Agustín, o el que año tras año consiente en que el entorno de las torres de Serranos o del palacio de Cervellón sea tomado por churrerías y furgonetas de venta de comida durante los días falleros, justo cuando la ciudad recibe más visitantes y debería hacer lo posible por lucir sus encantos patrimoniales. Y es el mismo ayuntamiento que ante la fachada del antiguo convento de Santo Domingo, actual sede del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad, ha dispuesto una hilera de marquesinas de la EMT que desentonan con el conjunto y que perfectamente se habrían podido trasladar a otro emplazamiento sin que ni el tráfico ni los usuarios del transporte público sufrieran lo más mínimo. No está legitimado para hablar ahora de protección monumental un ayuntamiento en manos del tripartito cuya mayor preocupación histórica se ha centrado única y exclusivamente en una etapa, la II república y la guerra civil, los refugios, el 80 aniversario de la capitalidad valenciana y la recuperación de la cabalgata de las reinas magas (magas y proestalinistas). Un repaso de los últimos cuatro años nos mostrará una Administración local que siente tan poco aprecio por el impulso y promoción de lo nuevo (inversiones extranjeras, planes urbanísticos, grandes proyectos, edificios emblemáticos) como por el cuidado y restauración de lo antiguo.