Del montón

CÉSAR GAVELA

Carmen Montón era la gran sanchista del primer gobierno identitario valenciano. Una mujer de valía y ambición, que puso, dicen, patas arriba la sanidad autonómica, para abordar muchos cambios generales y sectoriales que, paradójicamente, no es tan fácil saber en qué consistieron. Lo único que trasciende por ahí, por la calle digamos, es que desde que ella se fue a Madrid, las aguas corren más serenas por tan relevante departamento. Y la cordura parece que avanza, en detrimento del ruido. Por otra parte legítimo. Porque Carmen Montón tenía el derecho a diseñar la sanidad como considerara oportuno. Era su responsabilidad. Y su promoción.

La consellera era el verso suelto del gobierno socialista-nacionalista. Y no disimulaba su papel díscolo, no menos legítimo. Carmen Montón era una de las vicarias de Pedro Sánchez en Valencia, siendo José Luis Ábalos el vicario general. El jefe de los malos. Cuando ser de Sánchez era ser de los malos, y no solo eso, ser de los que no tenían futuro, tras la cruel -y no por ello injustificada- defenestración del político madrileño. Quien, tenaz como él solo, volvió a la secretaría general contra todo pronóstico y logró lo que no le habían dejado hacer los coroneles del PSOE tras el 'No es no': alcanzar el poder con el apoyo de los separatistas catalanes, del radicalismo chavista y de los alegres amigos, antaño, de la ETA. Pedro es mucho Pedro, lo ha demostrado, y ahí está en la Moncloa, dispuesto a aceptar una relación bilateral con Cataluña, y dispuesto a todo. Y bien sabemos que lo hará todo para poder seguir en su despacho. Todo es todo.

Carmen Montón es -o era ya- una de sus grandes escuderas. La mujer radical de la sanidad universal, algo muy importante, sin duda. Y único en Occidente. Carmen fue premiada por su fidelidad sanchista, y ahora se halla en muy grave situación política por haber probado la manzana de los másters falsarios de la universidad Juan Carlos I. Del desdichado centro público que se ha enlodado hasta la ingle debido a los tejemanejes vergonzosos, y seguramente criminosos, de determinados catedráticos y gentecillas ávidas de dinero. Y de captar a jóvenes que prometían. Y que ahora prometen la dimisión, aunque no quieran cumplirla.

Carmen Montón lo tiene muy difícil. Anoche dimitió. Dimisión forzada por su mentor Pedro Sánchez, que tan bien la trató, como hizo con todos los 'suyos' en tiempos oscuros. Con la marcha de Montón son ya dos ministros valencianos los que han abandonado el barco del gobierno bonito y ético, la mitad de los cuatro. El primero, el muy efímero Máxim Huerta. Y la segunda Carmen Montón. Menos mal que José Luis Ábalos es maestro de escuela, y que con eso se conformó. No necesitó más para llevar treinta años viviendo de la política. Cada uno elige su camino. Y su final.

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