EN MONTILIVI

JOSÉ MARTÍ

Salimos pronto. Los granotas llegamos al punto de recogida en Orriols antes que los cuatro autocares para Girona, con los nervios contenidos ante la larga jornada que se nos avecinaba. Vicente Herrero y Geno -todo siempre bajo control- ponen orden y concierto en la salida. En la expedición hay mayores, alguna familia con niños pero, sobre todo, mucha juventud. Nunca deja de sorprendernos en estos casos el rejuvenecimiento de la afición desplazada comparada con los años ochenta y noventa donde la gran mayoría eran jubilados, salvo mi hermano primogénito -ayer cumplió años- entonces ya choto recalcitrante, y un servidor. La edad y la estética. Antes, como mucho, portábamos bufandas. Ahora prácticamente todos visten elásticas granotas, además de otros elementos de animación.

Al llegar a los aledaños de Montilivi, pocos se despistan haciendo turismo. Estamos a lo que estamos. El autobús de los jugadores llega al Estadio desmontable con el eterno Miguel Ángel Ruiz luciendo gafas de sol en el asiento del copiloto. Nos recuerda la llegada al Camp d'Esports de Lleida hace trece años. 'Déjà vu'. La misma imagen y la misma emoción en las horas previas, lejos de casa. El partido decisivo para asegurar la categoría podría equipararse a la vorágine de sentimientos vivida en un ascenso. Los jugadores saltan al campo luciendo el equipaje blanquinegro. Excelente señal la de honrar también con los colores nuestra historia. Nos da buenas vibraciones. Luego, el partido transcurre en una montaña rusa de agitación, desconcierto y vibración que pone a prueba los corazones más fuertes. Todos exprimimos nuestras manos y gargantas tratando de insuflar ánimos a los que pelean en el campo. Al final, después de mucho sufrimiento, sale todo bien con el VAR de por medio. Abrazos, saltos, besos, lloros, gritos, risas y fiesta. El niño por los aires. En la grada, con los jugadores en el césped, bis incluido, y en el autobús de vuelta. Mientras el equipo es recibido en Manises, el viaje nocturno por carretera se envuelve de cánticos de alegría: «El pase gratis, tenemos el pase gratis». Más diversión. Conversaciones sobre el trabajo bien acabado pese a todos los vaivenes padecidos en una temporada rara y convulsa, y también sobre el futuro del equipo, el partidazo de Aitor, la continuidad de Vezo, de Paco López, de Tito en la secretaria técnica, el regreso de Rubén García, altas y bajas.... pero tiempo habrá para planificar el futuro. Ahora toca disfrutar. El resto del viaje dormimos lo que podemos, soñando con la próxima temporada, guardando lo vivido en nuestra memoria, recordando a quienes nos precedieron y ya no están, y -también- procurando reponer fuerzas que en cuatro horas hay que ir a trabajar. O no.