MODERADO

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

No hubo manera de sacárselo. Los periodistas preguntaron una y otra vez a los empresarios, tras su cita de ayer con Sánchez, si preferían un gobierno a la portuguesa o un pacto con Podemos, pero no hubo forma: no lo llegaron a decir. A cambio, insistieron en que España necesitaba un gobierno «moderado y estable». A buen entendedor, pocas palabras bastan. «Moderado» es lo contrario de «radical» y «estable», lo contrario de «inestable». Es decir, nada de acuerdos complicados, extremos, cogidos con pinzas y apoyados en fuerzas que ahora sí y ahora no. No les falta razón. Los españoles también queremos un gobierno que no se note, es decir, que gestione los dineros de todos en bien de todos. Parece sencillo de formular pero imposible de lograr.

De cualquier forma, saben que sus deseos y estas reuniones no convergen en el tiempo y no tienen la finalidad de avanzar en la línea de futuro que todos querríamos. Sánchez ha inventado un nuevo género en la campaña electoral: las reuniones del presidente. Es como el «Aló, presidente» de Hugo Chávez pero en presencia y personalizado. Me recuerda a las citas con las que inició Joan Ribó su reinado. No sé si sigue aceptando reuniones con ciudadanos comunes pero aquello tuvo su papel propagandístico eficaz: el alcalde escuchaba a todos y todas. Visto con perspectiva y sabiendo que su equipo a veces no lo escucha ni a él, resulta entrañable. Sánchez ha planteado lo mismo. Ha creado el consultorio Elena Francis de la política nacional. Le cuentas tus cuitas y él te escucha. No sé si terminará la sesión con un consejo, querida amiga, o con un brindis al sol, como el arapahoe Zapatero recordando que la tierra no es de nadie sino del viento. Es decir, sin comprometerse a nada o, por el contrario, prometiéndolo todo que es lo mismo pero queda mejor.