EL MODELO ES LA FIESTA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Lunes por la tarde, minutos antes de las ocho. Mientras en Madrid, en el Congreso de los diputados, la primera sesión del debate de investidura de Pedro Sánchez vive su tramo final y deja en evidencia la distancia que ahora mismo separa al líder socialista de Pablo Iglesias, la plaza del Ayuntamiento de Valencia hierve de gente que espera el inicio de un macroconcierto gratuito que forma parte de las actividades de la Feria de Julio. Por la mañana, ese mismo espacio es una extraña y poco digestiva macedonia entre los profesionales que trabajan en el centro, los pensionistas que deambulan sin rumbo fijo y los turistas que hacen fotos y más fotos a pesar de un sol de justicia que apenas deja zonas de sombra. Pero cuando el calor empieza a dar un respiro, en el tramo final del día, lo que se ve en la zona central (aún no se había cortado el tráfico) son sobre todo jóvenes. Grupos y parejas. En cuatro años hemos pasado de una plaza vacía de actividades públicas a un foco de ferias, eventos de toda índole y actuaciones. Ahora se están cometiendo excesos (como aquel mercadillo de domingo) pero antes -con el PP en el Consistorio- el error fue no hacer nada y dejar que el kilómetro cero de Valencia siguiera siendo una gran estación de autobuses al aire libre con la excusa de que es un lugar 'emblemático e 'institucional' que no debía verse sometido a la presión de montajes provisionales y chiringuitos efímeros.

La plaza es sólo uno más de los escenarios de una forma de hacer ciudad que mira a las fiestas en lugar de a las obras. A falta de grúas (que en el Ayuntamiento de Ribó no gustan porque la construcción se asocia con la especulación, el dinero fácil y una economía que sólo genera empleo de escaso valor) buenos son los conciertos o cualquier otro tipo de acto lúdico que saque a la gente a la calle. El modelo anterior se basaba en los llamados grandes eventos y en los edificios emblemáticos, en los proyectos que atraen turismo y dejan dinero y en la búsqueda de un visitante de cierto nivel económico. De aquella época es la que se dio en llamar la 'milla de oro' en Marqués de Dos Aguas-Poeta Querol, una calle con comercios de lujo destinados no tanto a los VIPs locales como a los que venían de fuera. El cambio de modelo ha ido sustituyendo negocios de firmas internacionales por franquicias de hostelería pensando en el caminante que transita por la calle de la Paz, una de las más buscadas por los turistas. Tiene toda la lógica, el tiempo de Bernie Ecclestone y Demi Moore ya pasó, las gambas rojas de Dénia perdieron a su mejor cliente. El turismo mochilero y 'low cost' se ha acabado imponiendo al sueño imposible de Montecarlo. De la Copa América y la Fórmula 1 a los macroconciertos, los mercadillos y las batucadas.