LA MOCHILA

CARLOS PAJUELO

Cansado de leer páginas que hacen mención constante a Casado, a Montón y ahora a Sánchez, declaro que este asunto me ha dejado de interesar y acuso a los protagonistas de recorrer un camino fácil y ventajista frente a otros, la mayoría, que lo hacen con sacrificio, presencia y esfuerzo.

Para dar un broche de emoción, la alcaldesa de Barcelona la Sra. Colau deja caer que le ofrecieron terminar de forma «fácil» los créditos que le faltan para licenciarse como filosofa. ¿Una fake news? ¿Quién, cuando, por qué? Dígase.

Hablo de la mochila en el titular, porque aún resuenan en mi oído los lloros de los niños pequeños al desprenderse de las faldas de su madre el primer día de colegio. Desgarra ese llanto y sin embargo minutos después, desaparecida la madre, empieza la nueva travesía de la imaginación infantil.

Este infante ya lleva una mochila pequeña y tengo la sensación de que a medida que van creciendo la mochila lo hace con ellos.

Un consejo es el de la necesidad de medir bien ese peso, o sea que no torturemos a nuestros hijos o nietos con un peso que les puede dañar la espalda.

Muchos de nosotros con el paso de los años hemos dado en caer en la cuenta de cuánto hemos perdido al no estar presentes en esos lloros a la entrada y esa alegría a la salida, al ver que la mamá o el abuelo estaban allí esperando.

Sin duda no era posible otra cosa. La necesidad del trabajo, de cumplir con el proyecto construido con tu mujer- ahora creo que lo llaman pareja- lo impedía y muchos se han perdido la merienda, la anécdota y pasando el tiempo nos extraña que alguien- casi siempre un psicólogo que hay muchos- nos cuente que la atención a los niños empieza ahí en el primer día del colegio.

Los pilares de la posible felicidad del individuo pueden estar en crear una familia y si para ello he de sacrificar mi deseo casi irrefrenable de cambiar de coche...pues no cambies. No pasa nada. Hay un mundo al margen del móvil, del consumo desaforado sin venir a cuento y de los caprichos.

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