El mito de entenderse

Si el espectro político está fragmentado será porque los ciudadanos lo hemos votado así

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Como hace tanto tiempo que estamos con un Gobierno en funciones y no está nada claro que pueda haber algún acuerdo antes de la fecha tope, es muy habitual que se deslice en las conversaciones de todo tipo y nivel esa especie de lamento generalizado por que aún estén así las cosas, a estas alturas, culpabilizando directamente a los políticos al considerar que «son incapaces de entenderse».

Quieren suponer, quienes así se expresan -y muchos hasta lo dan por cierto, plenamente convencidos-, que la primera misión de un político ha de ser la de entenderse enseguida con políticos de otras formaciones.

Es buena premisa para extender un espíritu crítico colocarse en la creencia de que quien manda siempre lo hace mal, al menos para una porción de la ciudadanía, porque así va el juego y es rarísimo que llegue a haber alguna unanimidad momentánea -y si pintara una aproximación, duraría un instante-, pero no parece muy lógico pensar que, tras unas elecciones, lo que deben hacer los partidos políticos y sus componentes ha de ser la de avenirse a pactar entre ellos. Para eso ya irían todos en la misma lista, ¿no? Pero no caben, claro, de ahí que se vayan repartiendo en muchas, y se ofrecen a los votantes para que elijan.

Si el resultado posterior es una fragmentación de minorías, los responsables directos seremos los votantes, que hemos propiciado con nuestras decisiones individuales un reparto de escaños tan diseminado que no da de salida la mayoría necesaria que apoye y defina un gobierno estable, ni es fácil componerla sumando a unos con otros. ¿O no es que cada cual se presentó a los comicios con su catálogo diferenciador de postulados, propuestas, medidas y subidas/bajadas de impuestos? ¿Y no ocurrió que cada uno de los ciudadanos/clientes 'compramos' lo que más nos tentó o conquistó, o al menos elegimos lo que nos pareció más aproximado a nuestro criterio personal o menos rechazable?

Si preguntásemos de uno en uno quién votó tal cosa con la idea preconcebida de que se uniera luego a otra, seguramente algunos dirían que sí llevaban cierta intención aproximada, aunque prevalecía su motivación de hacer valer lo que elegían, como para dar quizás un toque de aviso a la fuerza inicialmente mayoritaria de su bloque de preferencias. Pero incluso para que ese pretendido toque de atención o de castigo tuviera peso ha de traducirse en un fuerte volumen de votos, porque si no pierde su valor. Y a todo esto, a nadie le gusta votar al perdedor, aunque esto se sabe luego, primero se piensa ilusionadamente en la posibilidad de ganar.

Entonces, si empezamos nosotros por acudir divididos, sin voluntad de entendernos y aglutinar perspectivas, cómo pretendemos que lo hagan luego los que salen elegidos. ¿Es que los políticos están hechos de una pasta humana diferente? Lo de entenderse por que sí es un mito. Mírenlo a su alrededor, en todo.