El mito de la deforestación

Después de asustarnos tanto, los satélites demuestran lo que ya se intuía en los pueblos, que crece la masa arbolada

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Cuando Rafael Blasco fue conseller de Medio Ambiente disponía de un espacio en Canal 9 donde aparecía casi a diario contándonos como protagonista directo cualquier noticia o evento propagandístico de su departamento. Acudía por ejemplo a soltar ante las cámaras unas aves rapaces que habían sido curadas en El Saler, nos explicaba otro día la importancia de cualquier animalillo que al parecer era tenido en poca estima hasta entonces, o nos ilustraba sobre cómo crecía la superficie forestal de la Comunitat Valenciana.

Se notaba que la evolución del territorio forestal era asunto sensible para el conseller, porque se complacía en informar periódicamente de que, según los últimos inventarios, seguía creciendo el monte de la Comunitat. Era como un eje central que venía a demostrar que la política medioambiental que dirigía era acertada, como el resultado-resumen de todo lo demás. Si aumentaba el terreno forestal era prueba de la buena salud ecológica general.

En aquel tiempo había quién se preguntaba cómo era posible aquel milagro: ¿habíamos conquistado, acaso, terrenos de Teruel o Cuenca?, ¿le habríamos ganado espacio al mar, como en Holanda? No, claro que no. Aquello era el resultado de un extendido fracaso silenciado: se debía al abandono continuado de campos y pueblos enteros que eran -y son- colonizados paulatinamente por especies forestales, de modo que la política de la conselleria de Blasco consistía en estimular que sus técnicos catalogaran enseguida aquellos terrenos agrícolas privados e incultos como forestales, no dejaran recuperarlos a quien se empeñara en trabajarlos de nuevo, y a continuación presentarlo como un éxito propio de su departamento.

Hoy sabemos que era un 'éxito' basado en la despoblación y el abandono rural que tanto lamentamos y se trata de frenar y corregir, estimulándose para ello nuevas políticas de la Generalitat.

También conocemos ahora, por los informes técnicos basados en imágenes de satélites, que la Comunitat Valenciana (como el resto de España, de Europa y casi toda la Tierra) tiene muchos más bosques arbolados que ¡hace un siglo!, lo que choca frontalmente con las insistentes soflamas doctrinarias que nos martillean sobre el gran peligro de la desertización.

Basta mirar alrededor para darse cuenta de que no son ciertos los malos augurios de teóricos expertos que viven de difundir tales presagios. Hay más monte que nunca, y cubierto de árboles. En general, el mito de la deforestación es falso, a pesar de los incendios. Lo sabían en los pueblos, aunque no se lo reconocía el poder, que ya lo va asumiendo. Y junto al monte que crece sobre superficies agrícolas abandonadas hay que destacar también el papel esencial de la agricultura viva, sobre todo la arbolada, que mantiene grandes bosques mimados que despliegan un papel medioambiental indudable que no se tiene en cuenta desde esferas públicas.