Misterios de la ciudad

Debería haber un tour que explicara nuestros arcanos: ¿por qué la ciudad está tan sucia y el parque del Turia perfecto?

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Entre los misterios que habría que explicar al turismo, el de nuestros auditorios musicales. En Valencia, mientras tenemos museos e iglesias estables, mientras el Temple o la Generalitat resisten siglos de burradas, los espacios dedicados a la música se nos hacen frágiles: pierden la piel, se desconchan, amenazan inestabilidad y sufren humedades.

También es rara y misteriosa la forma con que los valencianos afrontamos esos accidentes. Como bien apuntaba el director ayer, no es lo mismo que una caída de escayola le pase a un partido que a otro, no es lo mismo que la encargada de la gestión musical de la villa se llame Glòria (atención a la tilde) que Mairén. Y cambia mucho, según el caso, no solo la estridencia de las alarmas sino la forma de acoso de la oposición, en este caso llena de complejos y más blandita que una madalena.

Misterios de valoración; de comportamiento humano y psicología. ¿Si el primer referente del cambio de esta ciudad manifiesta achaques es indicio de algo simbólico o simplemente señala descuido en el mantenimiento por parte de las sucesivas corporaciones? Nadie, desde luego, programa inversiones en mantenimiento, no es costumbre, no se considera una política adecuada en tanto que no lleva al éxito.

Misterios de una ciudad. Explicados al turismo, a ser posible durante esa visita rápida que termina en el balcón municipal. Valencia, que tiene el edificio más estrecho del mundo y el Tribunal de las Aguas, puede ser muy pronto una ciudad excepcional por tener el Ayuntamiento con menos apoyo electoral conocido. Si Pedro Sánchez se propone gobernar con un grupo de escaños que ronda un tercio de los totales, es más que posible que Compromís logre reducir esa proporción.

Lo más misterioso, sin embargo, es la apacible sonrisa de todos. La sociedad actual se complace en el silencio de tal modo, que van a poner ruido artificial a los coches para que los ciegos no sean atropellados. La sociedad del siglo XXI, tan modosa y educada, no sabe mostrar que lo del Palau es una vergüenza impresentable; pero todavía es mucho mas bochornoso que sea julio y los concejales no tengan ni despachos asignados para hacer como si trabajan.

Valencia, sí, debería comercializar el 'Magical Mystery Tour'. Tras el Santo Grial, los turistas serían llevados a contemplar el glorioso solar de la Casa del Relojero, donde un experto explicaría cómo es posible que durante un siglo no se encuentre una solución. Después, en la plaza de San Lorenzo, se les explicaría para qué se supone que sirven las Cortes Valencianas y por qué la institución es dueña de la Casa de los Caramelos. Finalmente, el Tour llegaría al Misterio mayor de la ciudad: el parque del Turia. ¿Por qué la ciudad está tan sucia y llena de abrojos y el parque tan limpio y bien podado? ¿Por qué la broza crece en todos los alcorques de los árboles de arriba pero no existe en los de abajo?