Minoría absoluta

Quizás lo que pretenda el presidente en funciones es la repetición electoral para ver si se aproxima más a esa mayoría

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Estaría bien saber cuánto cuesta cada reunión que han mantenido PSOE y Podemos. Eso significaría calcular en horas de trabajo, gastos de espacios, teléfono, materiales y tareas que se posponen para dedicarse solo a eso por parte de negociadores y de todos los que giran en torno a estas citas, desde asesores a bedeles. Como sabemos, es un ejercicio de propaganda contemplado así desde el principio, de modo que la farsa debería entrar en las cifras de las campañas electorales de cada partido. Sin embargo, es el Estado quien asume un dispendio del que los españoles no sacarán ningún beneficio.

Ayer, Echenique dio una pista interesante respecto a unas conversaciones fallidas al hacer referencia a lo que el PSOE quiere lograr. Dijo que Pedro Sánchez quiere un gobierno en solitario, «como si tuviera mayoría absoluta», apostilló. Y, en efecto, plantear un apoyo de Unidas Podemos sin visibilidad ni poder ministerial es conformar un gobierno formado solo por socialistas. Como si tuvieran mayoría absoluta. No se puede definir mejor. Visto desde lejos, la acusación del PSOE contra Podemos por mostrarse inflexible en su postura deja a los del partido morado en muy mala situación, pero si el ofrecimiento va a la baja parece razonable el rechazo.

El problema es que Podemos no sabía, cuando empezó el tanteo, que Sánchez iba a jugar con ellos a la subasta inversa. De más a menos, hasta pagar un euro por llevarse la pieza. Mencionaban estos días algunos analistas que Ximo Puig era el ejemplo de colaboración a plazos: en la primera legislatura Podemos solo apoyó al Botànic y en la segunda, ya entró en el gobierno. Sin embargo, olvidan quienes ponen este ejemplo de espejo en el que mirarse que Puig no conformó un gobierno en solitario; lo hizo con Compromís. Si lo hubiera intentado, sus socios habrían puesto el grito en el cielo como hace ahora Unidas Podemos. En aquel momento no entraron en el Govern de la Generalitat pero eso no dejó al PSPV actuando como si tuviera mayoría absoluta. Esa diferencia es abismal entre los dos casos.

Quizás lo que pretenda el presidente en funciones es la repetición electoral para ver si se aproxima más a esa mayoría y no tiene que depender de nadie. O no tiene que depender de Iglesias. El riesgo está en quedarse por debajo de la previsión, que los potenciales socios reduzcan su margen y que la derecha consiga mejorar. Al final Sánchez demuestra una carencia inconsciente hacia el bipartidismo. Cuando son los demás, se bombardea contra el rodillo, pero cuando la alternativa es suya la situación es muy distinta. Si fracasa de nuevo, es decir, si se queda como está, difícilmente va a poder presumir de que los españoles lo quieren en la Moncloa. Sánchez ha conseguido concitar acuerdos contra un enemigo común como Rajoy pero no los obtiene para ser presidente del gobierno. Quienes le apoyaron en la moción claramente lo utilizaron. Absolutamente.