Ministros y dependientes

Si un «ministro independiente» es uno que no se halla afiliado al partido del Gobierno, serlo carece de trascendencia

CARLOS FLORES JUBERÍAS

No me negarán que de un tiempo a esta parte nuestros políticos desbordan creatividad. Tanto es así que después de haberse inventado las alcaldías compartidas -»si nadie tiene mayoría, dos años pa ti, dos años pa mí, y no se hable más»-; haber puesto sobre la mesa lo de las vicealcaldías -¿será que lo de «primer teniente» de alcalde suena demasiado marcial?-, y haber montado consellerías para asuntos que al común de los mortales se nos antojan más propios de una categoría de Nobel que de una administración autonómica -¿aceptamos «arquitectura bioclimática» como animal de compañía?-; ahora llega, de la mano del mismísimo Pedro Sánchez, y en vísperas de su más que incierta investidura, la pamema de los «ministros independientes».

¿Qué es un «ministro independiente»? La primera respuesta que se nos viene a la mente es tan sencilla como inútil. Porque si un ministro independiente es uno que no se halla afiliado al partido del Gobierno, serlo carece de la más mínima trascendencia jurídica y también política. A diferencia de los parlamentarios, los ministros no están sujetos a disciplina de partido, ni pueden ser sancionados por las opiniones que viertan o los votos que emitan en el desarrollo de sus tareas -entre otras razones porque la ley garantiza el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros-, de modo que tener o no carné de partido tiene para ellos escasas consecuencias. Por no mencionar la obviedad de que estar o no afiliado al partido del Gobierno es cosa que pueda cambiar de la noche a la mañana, tanto en un sentido como en el inverso. Más aun: la categoría de «ministro independiente» carece también toda trascendencia política desde el momento que su capacidad de iniciativa política o su autonomía en la gestión no difiere en lo más mínimo de las del resto de los miembros del Gobierno. Como todos los demás es nombrado por el Rey a propuesta del Presidente, como todos los demás debe seguir las directrices políticas que emanen de éste, y como todos los demás permanece en el cargo mientras no sea relevado del mismo por quien lo designó.

Así las cosas, toca buscar respuestas un tanto más retorcidas a la pregunta de qué se supone que sea este nuevo invento de Sánchez. Y cabe hallarlas en su actual estrategia de sofocar a Podemos para lograr los votos que él necesita para ser investido sin hacerle las concesiones que ellos precisan para seguir respirando. Los «ministros independientes» de Sánchez no serían sino gentes de un perfil político tal vez más izquierdista que la media del PSOE, tal vez con algún breve pedigrí de militancia antisistema, a los que Iglesias no pudiera decir que no, pero a los que no pudiera someter a su control. Y de los que, naturalmente, Sánchez se libraría cuando le viniera en gana; que da la impresión de que en su lectura de la Constitución Iglesias llegó hasta el artículo 99, pero no hasta el 100.