Minifalda

Rosa Belmonte
ROSA BELMONTE

En sus años de apogeo y arrastre de 'trolley' se decía que la juez Alaya no se ponía minifalda para que no se le vieran los cojones. Como pusilánime, siento envidia por esas mujeres fuertes que no se caen del burro. Hace unas semanas fue Raquel Romero, la única diputada de Unidas Podemos en La Rioja, que no consentía el Gobierno del PSOE si no le daban varias consejerías. Conserjerías estaban los socialistas dispuestos a darle. Al final llegaron a un acuerdo y, después de unos vericuetos, llegó ella a consejera y a convertirse, como la andaluza Verónica Pérez, en la única autoridad del partido en La Rioja. Qué tía. Luego llegó la alcaldesa de Móstoles, que no declaró la guerra a los franceses como los de 1808, pero sí a la vergüenza. Noelia Posse se subió el sueldo, ascendió a su tío, enchufó a su hermana y le parecía todo lícito. Entre los vecinos y el PSOE consiguieron que destituyera a su hermana. Esta sí podría ponerse la minifalda.