MIGUELITO Y BORJA, ANTE SU GRAN DÍA

PEDRO TOLEDANO

Para Miguel Senent 'Miguelito' y Borja Collado, la tarde de hoy, en realidad todo el día, permanecerá vivo en su memoria durante el resto de sus vidas. ¿Y por qué será así? Sencillamente porque cuando se alcanza un sueño, como es el caso al debutar en la categoría de plata lidiando novillos con picadores, todo lo que le acompaña no se olvida, se disfruta. Por eso y porque además van a hacerlo en la plaza donde comenzaron a soñar el toreo cuando todavía eran unos niños.

Me cuentan que Miguelito, puede que haya sido el alumno que entró en la escuela con menos edad, apenas ocho añitos, y Borja, recién cumplidos los diez. Durante todo este tiempo, llegados ya a la adolescencia, han ido compaginando su formación académica con las clases 'extraescolares' en la Escuela de Tauromaquia, hasta llegar a culminar la que se puede considerar etapa pre profesional.

Será a partir de ahora, con todo lo aprendido, unido a la capacidad de sacrificio que posean y a la personalidad y conceptos desarrollados, cuando estos dos jóvenes valencianos, inicien el camino que les pueda conducir a esa otra meta, también soñada, de convertirse en figuras de una profesión echa arte que han elegido libremente y en la que el corazón y la pasión, no hay que olvidarlo a la hora de juzgarlos, se anteponen muchas veces a la razón. Es por eso que la suerte -también el buen juicio- juega un papel casi definitivo en quienes eligen practicar el arte de la lidia.

Al margen de la puesta a punto que sabemos han llevado a cabo para enfrontar con garantías su gran día, hay que decir que las enseñanzas de la Escuela de Tauromaquia de Valencia, que tutela la diputación, son un magnífico aval para afrontar el nuevo camino. De ella han salido muchos y buenos profesionales, siendo la figura de Enrique Ponce la que mejor propaga las virtudes que atesora esta iniciativa que echó a andar recién estrenada nuestra democracia. El cartel lo completa el destacado novillero mejicano, Diego San Román, y novillos de El Parralejo. Ingredientes suficientes para soñar una gran tarde.