Migas de pan

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Las temperaturas de escandalera primaveral nos arrastraron hacia una terraza. Pedimos cerveza, bravas y unos bocatas de calamares con ajoaceite. La ciudad mostraba una calma extraña que invitaba a la modorra. La digestión nos mantenía en silencio, apalancados sobre la silla con las piernas estiradas. Máximo confort. Pedimos otra ronda de cervezas. Total, ya puestos.

Primero se acercó un gorrioncillo. Parecía joven. Se buscaba la vida brincando sobre el asfalto, picoteando para saciar su panza. Uno de los amigos le arrojó una miga de pan. El pájaro saltó para atrapar el sustento, sin embargo, en el último segundo, irrumpió un señor gorrión y le robó la miga empleando rapidez de guerra relámpago. Pasmados nos quedamos ante el atropello de ese veterano abusón. Recopilamos las migas que tapizaban la mesa. Empezamos a lanzarlas. Llegaron gorriones desde varios lugares y se montó una bronca importante. El joven gorrión seguía un poco atontado y no conseguía probar bocado con su pico a tiempo. Y nosotros ahí, empeñados en satisfacer su apetito. De repente sufrí una iluminación terrible. «Eh, tíos, ¿en serio ya estamos en la fase de dar de comer migas de pan a las palomas en el parque, qué mierda estamos haciendo?», le espeté a mis dos amigachos. El blanco anegó nuestros semblantes. Ahí dolía. Olvidamos el hambre del joven gorrión al instante. Nos abochornaba el arrebato de las migas y, sobre todo, que lo disfrutásemos. Pulsé los anímos: «¿Qué os parece si salimos esta noche para pillar un buen pedo?» Se trataba de recuperar el orgullo herido. Pero no pudo ser. En realidad no nos apetecía el plan porque la noche ya no va con nosotros y las copas nos sientan fatal. Alguien miró el móvil. El 28 de abril elecciones autonómicas. Somos los gorriones alimentados por migas de pan. Pedimos más cervezas.