Los microplásticos de los emisarios

Los pescadores que salen de Port Saplaya saben que donde más pescado pillan es donde el agua está amarronada

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

José Manuel conoce de sobra, como los demás pescadores aficionados que salen de Port Saplaya, que donde más pescado pillan es en las zonas donde vierten al mar los emisarios submarinos. En especial, por su cercanía, acostumbran a poner la proa hacia el área donde vierte el emisario de la acequia de Vera. Allí se localiza de inmediato un amplio rodal, como a una milla y pico de la costa, que identifican a simple vista porque el agua cambia de color, aparece amarronada y con porquería flotando.

Para los neófitos, a primera vista el asunto parece claro -bueno, oscuro en el agua, claro en el asunto-; el agua del mar pierde por allí su azul verdoso -o verde azulado- y prevalecen tonos entre marrones y grises amarronados porque las tuberías que desembocan en el fondo (los emisarios submarinos son tuberías que conducen aguas sucias de las cloacas) deben llevar nada más salir unos tonos mucho más oscuros y preocupantes, que luego se van diluyendo al mezclarse con el mar.

También imagina el neófito que esas aguas cuyo color denota su contaminación no serían las más apropiadas para albergar la pesca que buscan los pescadores, pero resulta que sí, que acuden allí porque también los peces van en busca de comida. La concentración de los vertidos favorece una concentración de peces. Sobre todo de los carroñeros, a menudo los más sabrosos y apreciados. Las lubinas, tan requeridas, son de las más aficionadas a pastorear por esas aguas amarronadas, y no es raro que al abrir algún ejemplar en la cocina se descubra en su interior alguna desagradable muestra que engulló al traginar por aquellos pastos submarinos.

A los salmonetes les pasa parecido. Tan ricos y tan cochinos. Como los mismos cerdos, que tanto provecho gastronómico nos dan, y hay que ver lo que son capaces de zamparse. Ahora se alimentan con piensos en las granjas, pero cualquiera sabe que pueden nutrirse de todo lo que les pase por delante. De ahí que les llamemos guarros y cochinos. Ustedes perdonen. Pues los salmonetes y las lubinas (llobarros en valenciano) campan también por cochiqueras marinas, como hacen las mismas anguilas en lagos y acequias, tan carroñeras, tan sabrosas en 'all i pebre', y como hacen otras especies que disculparán que no citemos por no alargar la historia.

Porque la cuestión es que esas aguas amarronadas de los emisarios submarinos que atraen la pesca y a los pescadores son prueba de la 'cualidad' de lo que se vierte, aunque anden muchos intentando disimular. Y ahora que tanta preocupación ciudadana hay por los microplásticos que perjudican al mar y sus habitantes, pregúntense cuánto de ello sale por los emisarios. Si recordamos los episodios de la acumulación de toallitas insolubles que colapsaron colectores, es fácil imaginar que otras tantas saldrán al agua marina sin embozar nada. Y allí están los peces, y algunos pescadores. ¿Lo que no mata engorda?