MESTALLA, HAY DEBATE

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

La realidad de los estadios de Mestalla, el viejo y el nuevo, es otra, no la que se cuenta ni por parte del club ni desde algunos despachos de las instituciones. Nadie puede salir públicamente a decir que el nuevo campo no se hará, pero el melón ya está abierto encima de la mesa. La idea de dinamitar el vergonzoso buñuelo de hormigón que hay en la avenida de Les Corts Valencianes no es una ocurrencia, no es un impulso de hace unos días sino una posibilidad que se cuece desde hace muchos meses, que distintos periodistas conocían y que se ha llevado a un titular en el momento preciso para poner de manifiesto la necesidad de solucionar el problema. El otro día, reconozco que me quedé patidifuso al saber que el presidente del Valencia, Anil Murthy, no sabía que Peter Lim se presentó en la subasta para comprar el club con la maravillosa propuesta de adquirir las parcelas del viejo Mestalla por 150 millones de euros si en un plazo de dos años no había un comprador. La promesa fue un papel mojado como muchos otros de los que ha firmado Meriton. Murthy, si no lo conocía, pues ya lo sabe. El expresidente Amadeo Salvo verbalizó en CV Radio lo que contó este periódico el día de antes. Salvo tenía un plan para demoler el nuevo Mestalla y que el Valencia se quedara en el viejo remodelado, ajustado a las peticiones de unos vecinos que no pedirían la ejecución de la sentencia y con una oferta de servicios adecuada a un punto tan atractivo como la avenida de Aragón. Salvo vendió el club con esa idea ya en la cabeza. Y en el Ayuntamiento, por mucho que bramen nuestros partidos a favor del nuevo campo, la voz de la experiencia entreabre la puerta a otras opciones. La voluntad política lo puede todo y cuando se habla del Valencia nada es imposible. Tras la apertura del debate, no vi en las declaraciones de ningún político un portazo a derribar la estructura del nuevo estadio. Hay una legislatura por venir y muchos plazos por cumplir. El pasado mes de noviembre, el director general del Valencia, Mateo Alemany, habló de que el club tenía sobre la mesa entre 25 y 26 propuestas interesantes para comprar las parcelas. Hoy, aquella afirmación me recuerda cada vez más a aquellas palabras de Salvo de que una veintena de multinacionales se pegaban por patrocinar al club y la realidad es que tenemos a BLU por tres millones de euros al año y gracias. Alemany nos sacará de dudas el día 16 si no hay una nueva demora en agenda. La propiedad siempre ha jugado al patadón con el nuevo estadio y las sucesivas maquetas hilan el rosario de la mayor chapuza urbanística que se recuerda en Valencia. Hoy, esa estructura forma parte a nivel mundial de los proyectos fallidos que se llevó la crisis. Entre tanto disparate, lo que sería preocupante es que el modelo del nuevo estadio sea aquel que se dibujó en las plácidas noches de Evian.