Las informaciones parecen preocupantes. El Mercado Central de Valencia, motor comercial del centro histórico, se puede quedar sin su autogestión. Confiemos en que no se convierta en un hecho. Lo que sí que lo es, es que del «ni quiero ni puedo quedarme la gestión de este mercado» o el «eso me faltaba a mi», manifestado por el concejal en el propio mercado no hace mucho, ya no queda nada. Ahora parece que sí se sienten capaces de gestionarlo. Quede claro que esta pérdida de la autogestión no vendría por voluntad de los vendedores, manifestada en diferentes asambleas (la última, con un 93% de apoyo) sino por voluntad de su ayuntamiento, que debe entender que en su modelo político, la gestión directa es la opción que corresponde.

Si llega el caso, si el concejal recupera para el ayuntamiento la gestión del Mercado Central ¿que ocurrirá a partir de entonces con los carros de compra, con el mostrador de atención al cliente, con el servicio de reparto a domicilio, con la hora de descuento a clientes en el parking de Brujas, con la nueva web y la app contratada (y pendiente de pago), con el acceso 24 horas todos los días para vendedores, o con el servicio de venta de hielo? Todos estos servicios extra que otros mercados no tienen y que la asociación proporcionaba con la misma tarifa municipal (y su propia actividad), ¿desaparecerán de golpe?, ¿o tiene la concejalía algún plan para que sigan en marcha y hagan que el mercado siga funcionando como hasta ahora?

Mas preguntas: ¿qué ocurrirá con servicios como la limpieza o vigilancia? Los vendedores siempre los hemos considerado vitales, y hemos estado muy pendientes de su funcionamiento optimo. ¿Y con el mantenimiento? Ahora mismo, cualquier avería o repuesto se abordan inmediatamente. ¿Tendremos que rellenar una instancia? Además, ¿se devaluarán nuestro mercado y nuestras paradas por la perdida de servicios? ¿Qué ocurrirá con los 18 trabajadores de la asociación?, ¿los subrogará la concejalía?, ¿y en qué situación social y económica quedará la Asociación de vendedores del Mercado Central, una asociaron activa y 'respondona', pero que ha hecho increíblemente bien su trabajo de gestión de su mercado?

Muchas preguntas. Para los vendedores más antiguos del Mercado, el cambio supondría pasar de un modelo que podemos llamar de éxito, y que sería interesante exportar a otros mercados, a otro ya explorado y que representa para ellos volver a tiempos muy oscuros. Por supuesto, para los vendedores lo importante no es quién sea el titular de la gestión (vendedores o ayuntamiento) sino que los servicios que hacen que el mercado funcione, se mantengan. No debería tardar mucho la concejalía en concluir que para ello es más eficiente, más económico y más ágil firmar un convenio con los vendedores que cualquier otra solución administrativa.

Lo peor de todo es que este panorama de incertidumbres y problemas para los vendedores se debe no a un intento de mejora de gestión comercial ni siquiera a un imperativo ajuste a la legalidad (aunque haya que adaptarse a las nuevas normativas estatales) sino posiblemente a una decisión política de apuesta por «lo publico» (como en educación o sanidad) que deriva de un mal entendimiento de lo que supone el convenio de autogestión del que estamos hablando.

En 1986, siendo alcaldesa la socialista Clementina Ródenas, se firma un convenio innovador en el panorama de los mercados municipales. En resumen, el servicio público de mercados y abastecimientos, cuya titularidad sigue siendo municipal, lo gestiona el Ayuntamiento en el Mercado Central a través de la Asociación de vendedores. El edificio es municipal, el servicio también, las actividades no ordinarias son bajo su aprobación y control, y solo la actividad ordinaria (limpieza, vigilancia, promoción y mantenimiento por uso) se hace a través de la Asociación de vendedores, que es una entidad sin ánimo de lucro. Las tasas municipales se cobran directamente por la Asociación y por mantener un porcentaje de ocupación se obtiene además una subvención. El ayuntamiento mantiene el control del mercado, cobra el porcentaje de los traspasos, y mantiene solo un ordenanza (compartido con otros mercados) como único personal a su cargo. La Asociación les presenta sus cuentas anuales auditadas y solicita el importe anual de tasa por parada.

Este modelo de autogestión, nada tiene que ver con los modelos de gestión indirecta de algunos mercados de España (por ejemplo en Madrid), en los que el ayuntamiento cede por un canon anual la gestión de los mercados a empresas privadas (no asociaciones de comerciantes). Este modelo sí está cercano a la privatización del servicio, a la perdida de control por parte del poder municipal y también a la perdida de control por parte de los vendedores (que dependen de su nuevo gestor que establece normas y tasas ). La apuesta que el Mercado Central ha defendido es una apuesta del servicio municipal y público, que se sirve de la asociación para mejorar la gestión, y hacerla mas fácil, mas eficiente y mas económica.

Pero todavía hay tiempo. Ojalá el alcalde reflexione. Ojalá atienda a alguna de las propuestas jurídicas para mantener la autogestión que la Asociación de vendedores ha hecho, y lo renueve ajustándolo por supuesto a la nueva legalidad. Ojalá el concejal decida con responsabilidad y ponga a su servicio jurídico a pensar cómo renovar la autogestión de la manera más similar al modelo actual. Ojalá no dejen al Mercado Central sin las alas que han hecho de el, sin duda, el mejor mercado del mundo.