MENSAJES DE AMOR

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Ya mana de la ciudad el perfume a tardoverano y se imponen las cenas de tierra de nadie para reencontrar a los amigachos que, por supuesto, conservan el buen gusto de no mostrar el millón de fotos hibernadas en la panza de sus telefonillos inteligentes reflejando las estancias vacacionales.

Nos hemos citado cuatro amigos en una terraza. Todos llegamos puntuales menos Fulano. Llamémosle Fulano para evitar disgustos... Podría decir que Fulano apareció alegre, chisposo, efervescente, graciosito. Pero la verdad es que Fulano aterrizó bastante pedo y, para continuar atravesando la senda ebria, lo primero fue exigir un vermú triple. Adoptamos naturalidad absoluta ante su tranca. Fingimos no percibir su curda. Fulano es una víctima del perpetuo roce que durante las vacaciones acontece a las parejas y está a punto de separarse tras un fallido intento de reconciliación cuando agosto. Han acabado fatal, Fulano y su esposa. El día veinte ya no moraban juntos y abandonaban el apartamento alquilado frente al mar. Guerra total es lo que arde entre ellos ahora mismo. Pedimos varios alimentos de picoteo y Fulano continuó con otro vermú triple. Nosotros charlábamos de la última de Tarantino y del extraordinario trabajo de Russel Crowe en la serie «La voz más alta», mientras que Fulano, encapsulado en su burbuja borrachuza-temporal, mascullaba, con voz entrecortada, frases muy de Amaral como «yo la sigo queriendo... Sin ella no soy nada... Sigo colgado por ella...» El camarero nos tendió la cuenta. Descubrimos entonces a Fulano enajenado y reconcentrado tecleando ávido el chisme. «Maldita sea... Ni siquiera me contesta los guasaps de amor que le mando...», exclamó desesperado. Hubiese sido difícil teniendo en cuenta que mandaba los mensajes desde el datáfono y no desde su móvil... Todavía nos estamos riendo...