MENOS ES MÁS

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Llegados a este punto entre el cotilleo morboso, las emociones de parque de atracciones, la extravagancia académica y el despiporre colectivo, proclamar a los cuatro vientos sentencias como «¡Yo no tengo ningún máster!» o «¡Yo jamás escribí una tesis!» se ha convertido en una declaración de principios que expresa limpieza de sangre o incluso en un marchamo de honradez absoluta, de integridad inquebrantable.

Gracias a este divertido gazpacho acerca de los méritos que ornan los expedientes particulares observamos la pasión españolísima por retorcer la realidad para cambiar de opinión en breve tiempo. La pirotecnia de los curriculums ha durado lo que una serie de petardazos durante una noche cuando las fiestas del pueblo. Si antes el personal enchufaba su niñez de boyscout con conocimientos acerca de pinchar tiendas de campaña bajo el rigor de una tormenta, el curso de socorriste diplomado que nos sacamos cuando aquel verano ocioso para ver si ligábamos, el cursillo de guitarrista que nos trasladaría hacia el liderato de la reunión de amigachos cortesía de una fascículos y, por supuesto, el nivel medio de inglés y todo eso, ahora primará la austeridad, el recato, el perfil bajo. Cualquier fulgor en nuestro pasado estudiantil o laboral se considerará sospechoso de exageración y martingala. Aflorarán, pues, las injusticias, pero el eterno bamboleo al que nos sometemos exige tono gris no sea que se monte el follón. ¿Usted qué tal con el inglés? ¿Yo? Pues del «yes», el «no» y el «fuck you» tarantiniano no salgo, oiga, se lo juro. De la fanfarronada habitual a la desinflada general, por si las moscas. Este apocalipsis chabacano de másters y tesis erradica el barroquismo de politicastro zumbón y revitaliza el minimalismo radical. Menos es más. Esa será la consigna para el nuevo y delirante curso.

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